viernes, 8 de mayo de 2009

Los vencidos regresan al pueblo


Pregón municipal por el que se convoca a la manifestación del 18 de mayo de 1939

Algunos ya habían llegado al pueblo, pero la mayoría lo hizo en abril y mayo de 1939. De hecho conservamos la relación de detenidos, con los nombres y apellidos de los derrotados, a partir del 21 de mayo. Pero no todos pudieron volver al pueblo. Muchos cayeron en el frente y otros se exilaron para nunca más volver. Los historiadores ofrecen cifras aproximadas del balance final de una guerra civil que dejó su huella cruel en todos los rincones de España (Ver el artículo de Julián Casanova publicado en El País el 29 de marzo de 2009). A los que regresaban no les esperaba la paz sino la humillación pública, la cárcel y el batallón de Trabajadores. Esto es lo que escribe nuestro paisano José María Ruiz Vargas, catedrático de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid, en su artículo ¿De qué hablamos cuando hablamos de Memoria Histórica? Reflexiones desde la Psicología Cognitiva?, -Revista Entelequia, septiembre de 2008- al transcribir el testimonio de Lorenzo R. tras su regreso a Doña Mencía una vez terminada la guerra:

Hubo un tiempo, según su relato, en que tuvo que ir todas las tardes a la plaza del pueblo, donde se le obligaba, junto al resto de los “perdedores” locales debidamente formados en plan militar, a cantar el “Cara al sol” brazo en alto. “Nos ponían –según sus propias palabras– en lo alto de la plaza, mirando a la puerta del casino y los señoritos, mientras, repantingados en sus sillones de mimbre... El director del “coro” era “Salerito” el municipal… y cuando algún señorito, entre burlas y risas, decía «Que lo canten otra vez, que no lo han cantado bien», pues había que cantarlo otra vez… y todas las que quisieran. Así estuvimos varios meses… ya no me acuerdo bien cuántos”.

¿De qué hablamos cuando hablamos de Memoria Histórica? Reflexiones desde la Psicología Cognitiva?, Revista Entelequia. Septiembre de 2008.

Pero la preocupación de las autoridades del pueblo no era tanto cómo integrar a los vencidos sino demostrarles que aquella derrota les iba a costar muy caro y que no se había ganado una guerra para ahora hacer las paces con los que se habían atrevido a desafiar las estructuras sociales establecidas. Con fecha del 26 de abril se dicta un bando para que las casas del pueblo se encalen con motivo de la fiesta de San Pedro y dos semanas después –el 18 de mayo- se decide celebrar el día de la victoria, acordándose –así consta en el texto del pregón que adjuntamos-, entre otras cosas, cerrar todos los establecimientos a las doce horas, celebrar también a las 10 de la mañana una solemne función religiosa con asistencia de las autoridades y vecindario, desfilando al final las organizaciones juveniles. Por la tarde a las 7 partirá de la plaza del generalísimo una gran manifestación a la que deben asistir todos los habitantes del pueblo”. ¿Todos? Como final de la misma, a las 9 de la noche se leyeron el primero y el último parte de guerra.
Por las mismas fechas –el 15 de mayo- la comisión gestora municipal se hace eco del mal estado del castillo y se declara que el Ayuntamiento tiene el deber moral de defender la propiedad del mismo –lo que ocurrió ya en la reciente etapa democrática-.
En la próxima entrada daremos a la luz los listados de los detenidos –conservamos los listados de las cuatro semanas desde el 21 de mayo al 17 de junio-, fecha ésta última que coincide con la llegada al pueblo de un escuadrón de soldados enviado por el gobernador civil para vigilancia y custodia de la población.

1 comentario:

Juan Vicente dijo...

La fecha de referencia del artículo de Julian Casanova en El Pais debe ser del año 2009.

Un saludo.