Mostrando entradas con la etiqueta XX. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta XX. Mostrar todas las entradas

sábado, 13 de febrero de 2010

Las ordenanzas de Doña Mencía, 1926 (01)


Hace ya un tiempo mi gran amigo Carlos de Toro Luque me hizo llegar un ejemplar de las ORDENANZAS MUNICIPALES, para el régimen y gobierno de la villa de Doña Mencía, correspondientes al año 1926.
Así consta en su última página en que se textualmente se dice que fueron aprobadas por el Ayuntamiento pleno en sesión extraordinaria del ocho de febrero último, Doña Mencía a 13 de Marzo de 1926. El Alcalde, Juan José Vargas.- El Secretario, Carlos Venegas. rubricados. El ejemplar que tengo en mis manos es una copia que tiene el sello de Juan Luque, oficial del Ayuntameinto, enamorado de su pueblo y compilador de fotos y recuerdos de Doña Mencía, pero también hay una copia, sin catalogar, en el Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía.
Como es obvio, no son las primeras ordenanzas de la villa de Doña Mencía -las más antiguas datan de mediados del siglo XVII, aunque son una copia de las de Baena-, pero si son las más extensas y detalladas. Frente a la vigente Constitución española con sus 169 artículos o los 250 de nuestro actual Estatuto de Autonomía, las ordenanzas de 1926 de Doña Mencía constan de 630 artículos. Un texto legal detallado que trataba de regular con minuciosidad la vida cotidiana de nuestro pueblo.


Veamos: en su capítulo II y en su artículo 9º queda prohibio, entre otras cosas, mofarse de las personas o dirigirlas (sic) insultos (2º), hostigar innecesariamente o tratar con crueldad a los animales (4º), molestar al vencindario con ruidos y cánticos desacompasados... o, -y esto da idea de la mentalidad de orden de la época- (12º) Dejar salir a los locos o dementes sin la debida vigilancia y cuidado. Seguiremos hablando de ellas en próximas entradas. La imagen que adjuntamos no es de Doña Mencía, pero si a la época en la que estaban en vigor las ordenanzas citadas. Eran los tiempos de Alfonso XIII, aunque la cajita cuya portada reproducimos es de unos años antes.

lunes, 3 de agosto de 2009

Una foto histórica (y II)

Pedro, José y Contreras.

Y se mezclaban los recuerdos. “Un día veo la foto en la televisión” –nos contaba sonriente Pedro- “y le digo a mi hija: ese soy yo. No se lo creía”. “No nos acordamos muy bien” –interviene José que, con problemas en la vista, no distingue bien a sus compañeros de viaje- “pero creo que la foto se hizo en la explanada frente a los hoteles de la estación de Hendaya”. “Mucho tiempo después”, continua Pedro, “el cartero nos la trajo porque la había visto en un periódico en Suiza. También se publicó en El Bermejino”. Ellos no saben que la foto ha aparecido en muchas publicaciones relaciones con la emigración española y, aunque no sabemos quién fue el autor de la misma y dónde apareció por primera vez, creemos que el primer medio que la dio a conocer fue en Cambio16. Y nos iban diciendo los nombres y alias de todos los que salen en la foto. Uno de ellos, Contreras, vive en la calle Barranco, así que trataremos de recoger su versión en una próxima entrada.

También hablaban de la duras jornadas de trabajo, recogiendo la remolacha al destajo y después venía el repase, alcanzado algunos días hasta 15 horas de trabajo. “Allí habíamos ido a trabajar -apuntaban los dos a la vez-, a más horas, más trabajo y más francos al bolsillo. En una ocasión estuvimos trabajando hasta las dos de la mañana, y eso que en Francia había tractores, máquinas que sacaban las patatas o la remolacha, apilándola después. Al principio fue muy duro, nada más que trabajar y trabajar, pero se pagaba bien, el triple o más de lo que cobrábamos aquí, y, además, con el canje salíamos ganando. La comida la pagábamos nosotros, el patrón nos daba las patatas, el butano, aunque al principio la comida se preparaba en una cocina de leña con chapas. Tampoco teníamos cuando llegamos cuarto de baño, pero después las cosas mejoraron”.

Y, como no, hablamos de los inmigrantes que vienen a nuestro país a buscar lo mismo que los españoles en Francia. “Que vengan”, nos dice Pedro, “pero con papeles y contratos, como nosotros fuimos a Francia, aunque alguno también se marchó sin él”, apostilla. También hablamos de los republicanos españoles. “En una ocasión vimos a la gente de El Chivo, al hermano de Manuel El Chivo, el cabrero. Yo le vi en Francia. A Pedro Córdoba (ver la entrada en este blog sobre Juan Córdoba) no lo dejaban ir al principio porque su padre estaba exiliado en Francia.


“Si por mi hubiera sido, -Pedro no paraba de hablar- yo hubiera estado allí hasta la jubilación, que cobro al 100 %. No tuve problemas en el pago y en el arreglo de la documentación. Nos retenían mucho y el patrón nos decía que era para cuando nos hiciéramos viejos”. Y nos comentaban las razones de su marcha. En el pueblo había poco trabajo y una vez terminada la recolección de la aceituna a esperar a la siega del verano, la viajá a la campiña. “Yo fui por primera a trabajar a la campiña cuando tenía 17 años –nos dice Pedro-, aunque yo estaba harto de trabajar antes de ir a la campiña, pues ya había ido a la bina en las viñas del Puerto cuando tenía 10 u 11 años. Íbamos a la rebina y a la soleá. En la campiña estuve trabajando en Las Tablas, con Raimundo Barceló, cerca de Córdoba en Balchillón. Ese trabajo sí que era duro, mucho peor que lo de Francia. Comíamos garbanzos, habicholillas o gazpacho. Y el viaje se hacía interminable. A la una de la noche tomábamos el mixto que nos llevaba a Puente Genil. Allí nos recogía el tren que venía de Málaga que nos trasladaba a la estación de Balchillón, a donde llegábamos a eso de las seis de la tarde. El alojamiento se hacía en un cocherón y una vez que se llenaba de paja en un sombrajo sostenido con cuatro palos. Trabajábamos de sol a sol. Yo estaba harto de trabajar, incluso antes de ir a la campiña.


“Aquí por lo menos teníamos la vendimia a la que no iban todos después de la campiña. En otros pueblos, como Zuheros o Baena, era aún peor. Y eso que ahora sólo quedan reliquias de viñas”. Y, si por ellos fuera, por Pedro y José, todavía estaríamos allí disfrutando del frescor del soportal de su casa. “Antes, por aquí –por el camino de la estación- sólo pasaba Corpas y Lorenzo Rempuja con el carro y poco más… “Esta casa, nos decía Pedro, la hizo mi padre en 1957. Le costó unas 5.000 ptas. Y hablando de dineros: yo traje en la primera vez, en 1963, 6.000 ptas. Regresé el 19 de mayo de ese año.”

Y nos quedaron muchas cosas en el tintero. Estoy seguro que cuando nos veamos de nuevo en el próximo mes de agosto seguiremos hablando, aunque no sea de la foto dichosa, que ha hecho célebres y famosos –aunque ellos no lo sepan- a Pedro y a José Ramírez Urbano, y a todos los mencianos –si hay algún error en los nombres- hacédmelo llegar- que aparecen en la foto. Queda pendiente una entrevista con Contreras que vive en la calle Barranco para que él nos cuente más cosas de aquel día en Hendaya en los años 60 del pasado siglo.

martes, 21 de julio de 2009

Una foto histórica (I)


Las meigas de la informática hacen que esta entrada se publique ahora, casi un año después de que durante una suave mañana de verano y acompañado –lo que fue un auténtico placer -de José María Ruiz Vargas, catedrático de Psicología de la memoria de la Universidad Autónoma de Madrid, nos acercamos a casa de Pedro y José para que nos hablaran de una foto que, si no ha dado la vuelta al mundo, si ha sido publicada en innumerables medios de prensa.

Pedro Ramírez Urbano tiene ahora 70 años y José, su hermano, 64, y los dos se sintieron orgullosos de que les mostrase un libro importante de historia de España, el de Juan Pablo Fusi que, todo hay que decirlo, sigue siendo un magnífico manual universitario, y en una de las fotografías que lo adornan, junto a algunas de las más típicas de los dos últimos siglos, ahí estaban ellos. Bueno, ellos dos y algunos mencianos más.

¿Quiénes eran los otros?, aunque sus rostros nos eran familiares. ¿Dónde está hecha la foto y a qué año corresponde? “Formábamos un grupo grande de unas 50 a 60 personas o quizá 100” –nos dice Pedro- “y estábamos en la estación de Hendaya, cuyos ventanales se ven al fondo, comiéndonos un bocadillo. La foto está tomada a principios de abril de 1964 o quizá del año siguiente. Habíamos cogido en Madrid –en la desaparecida estación del Norte- el tren que salía a las seis de la tarde y que llegaba a Irún a las siete de la mañana. Y de allí hasta Oise”.

Y Pedro no paraba de hablar. Nos contó que él iba por tercera vez y para José era la primera –sustituía a Moreno-, que iban a echar una temporada de tres meses a trabajar en la bina de la remolacha, aunque se podían quedar dos o tres meses más, que llevaban su contrato ya cerrado desde aquí y que entre ellos y el patrón se establecía una relación de confianza, buscando siempre que los contratados fuesen familiares de los que ya habían ido en años anteriores. Pedro fue a trabajar a aquella casa durante 23 años en temporadas de tres o seis meses y prueba de esa relación de confianza, fue el viaje a Doña Mencía que hicieron los patronos durante unas vacaciones. “Eso fue en 1978 y menuda sorpresa se llevaron cuando vieron mi flamante Land Rover. ¡Se creían que aquí no habíamos progresado nada!”, nos dice muy orgulloso Pedro.

Y salían a relucir las anécdotas del viaje y cómo tuvo que venir la Guardia Civil porque se negaron a subir en un tren atiborrado de emigrantes. “En una ocasión – de nuevo interviene Pedro- en Espeluy el tren se llenó y ya no cabía más gente, incluido un grupo de gitanos que iba a La Mancha a la vendimia. Recuerdo que un muchacho gitano se tiró por la ventana y murió arrollado por el tren”. Llevaban lo que podían, pero que no faltara la cuartilla de vino y Vicente Morejón, nos decía Pedro, en vez de maleta llevaba un saco. Pero no les dejaban pasar comida a partir de Irún. Ni vino tampoco, así que la cuartilla fue liquidada antes de cruzar la frontera.

Y siguen las anécdotas. “Cómo no sabíamos nada de francés no entendíamos a la señorita cuando le preguntábamos por el tren que teníamos que coger camino de Francia. Menos mal que se presentó un hombre que nos entendía y él fue quien nos orientó. Llegamos a Oise a eso de las diez de la mañana del día siguiente. Llamamos por teléfono al patrón y él vino a recogernos a la estación.

viernes, 23 de mayo de 2008

Córdoba en 1950, II

Brenan se queda horrorizado ante la extrema pobreza de las gentes de Córdoba

Después de visitar el 20 de febrero de 1949, acompañado del maestro escuela como guía, la Quinta de la Arrizafa y las ermitas, Brenan se acercó al Instituto de Segunda Enseñanza-el actual IES Góngora-. Allí observó cómo todos los alumnos iban bien vestidos y procedían de familias de clase media. Brenan inquirió que cómo lograban entrar allí los hijos de las clases trabajadoras, a lo que el maestro le contestaría que sólo lo conseguían los que procedían de las escuelas primarias regentadas por la Iglesia y que las escuelas primarias del Estado se hallaban tan olvidadas que los niños no consiguen ningún progreso.

Pero lo más escalofriante del relato de Brenan es la descripción que hace de las gentes que ve por las calles de Córdoba. He utilizado este párrafo de Brenan que viene a continuación en mis clases de historia sin indicar el nombre de la ciudad y os puedo asegurar que los alumnos nunca podían imaginar que el lugar al que se refería este viajero desconocido para ellos era la ciudad en la que vivían pero hace poco más de medio siglo.

Uno –comienza Brenan- no puede caminar por las calles de Córdoba sin sentirse horrorizado por la pobreza. El estándar de vida ha sido siempre muy bajo entre los trabajadores agrícolas de esta parte de España, pero esto es peor, mucho pero que cualquier otra cosa que yo recuerde a lo largo de mi vida. Pocas veces y de manera tan gráfica se ha expresado la miseria de la España de posguerra marcada por la extrema pobreza económica y por la pervivencia de las huellas del conflicto acabado sólo diez años atrás. Y continúa Brenan en su relato estremecedor. Uno ve hombres y mujeres cuyos rostros y cuerpos están cubiertos de suciedad porque se sienten demasiado débiles o demasiado sumidos en la desesperación como para lavarse con agua. Se ven a niños de diez años con el rostro marchito, mujeres de treinta años que son ya auténticas brujas, exhibiendo ese ceño fruncido por la ansiedad que proporcionan el hambre perpetua ya la incertidumbre acerca de su futuro. Nunca antes había visto una tal miseria: incluso los leprosos de Marrakech y Taroudant parecen menos desdichados porque, aparta de hallarse mejor alimentados, están resignados a su destino.

¿Qué derecho tienes a comer buena comida, a beber café, a comprar golosinas, cuando la gente se está muriendo de hambre a tu alrededor? Se pregunta Brenan. Y el dramatismo de su descripción de la Córdoba de posguerra se acentúa cuando habla de los miles de mutilados que ve por las calles de la ciudad califal. Más terribles son aquellos que se arrastran por las calles sin brazos o piernas. El Gobierno les paga una pequeña pensión a aquellas personas que perdieron sus miembros en su bando, pero aquellos que tuvieron algo que ver con los Rojos, aunque fueran mujeres o niños, no reciben nada. Y exclama Brenan ante tamaña injusticia ¡Hubieran debido estar viviendo en algún otro lugar cuando estalló la guerra!

Tras referirse al latifundismo andaluz y las consecuencias nefastas de un reparto tan injusto de la tierra, Brenan nos habla del intento fallido de visitar las mazmorras de la Inquisición y de terror que impuso en la ciudad a fines del siglo XV Rodríguez Lucero. En la tarde del 21 de febrero visitó la iglesia de la Fuensanta y, como es lógico, quedó sorprendido de los numerosos exvotos del atrio, pero lo que más le llamaría la atención fue el cocodrilo disecado, quien quizá en un tiempo fuera considerado como un dragón comedoncellas que algún santo caballero al estilo de San Jorge había matado.

Al día siguiente Brenan se dirigiría al sur de la provincia visitando Aguilar, Priego, Cabra y Lucena, en la que, aunque sus palabras nos puedan llamar la atención ahora, nos vimos –afirma Brenan- desde el momento en que entramos en ella sorprendidos por su apariencia de podredumbre y descomposición y por la miserable y famélica apariencia de sus habitantes. Nada que ver con la Lucena actual.

De Lucena marchó a Málaga, la que debió abandonar en el otoño de 1936 y de allí a Granada buscando la tumba de Federico García Lorca. Un libro “La faz de España” que debe ser leído, entre otras cosas, para comprender la terrible huella que la guerra, que perdimos todos, dejó en nuestro país.

sábado, 17 de mayo de 2008

Noticias de la II República en Doña Mencía IX

El general Cabanellas ordena el cierre del Centro Obrero de Doña Mencía

Un día antes de que se redactaran los documentos referidos a las bases salariales generales y al gremio de albañiles citados anteriormente, el general de la 2ª Región Militar, D. Miguel Cabanellas y Ferrer hacía público un bando en el que en su artículo 1º se declaraba “por tiempo ilimitado el estado de guerra en las provincias de la Región”.

En el preámbulo del mismo, y tras hacer una serie de consideraciones sobre “la especialísima atención que (el gobierno de la República) presta a la cuestión social en Andalucía”, se refiere a como tal conducta “ha sido equivocadamente interpretada por algún sector del proletariado andaluz que, al amparo de las libertades concedidas, ha tratado y trata de imponer su predominio en las filas obreras, requiriéndolas por la amenaza y la violencia para que entren a formar parte de determinados sindicatos contra su voluntad”.

Alude también a que dichos “sindicatos” están siendo dirigidos por una “minoría de audaces e indocumentados, muchos de ellos antiguos pistoleros, profesionales de la revuelta y del desorden, que en la época de la dictadura fueron modelo de mansedumbre y contención”.

En dicho bando se ordena la clausura de los centros obreros, se consideran en vigor los pactos o contratos aprobados hasta la fecha, se “considera constitutivo de delito la presentación de nuevas bases de trabajo”, todo ello, se expresa al final del bando, en beneficio de la clase obrera “que es a la que, en fin de cuentas, quiere proteger el Gobierno de la República, para que organice y consolide sus asociaciones gremiales, libres del influjo de los que se introducen en sus filas para conducirlos a una anarquía que estamos enérgicamente dispuestos a reprimir.

A final aparece la fecha, 25 de mayo de 1931, firma del alcalde de Doña Mencía, Francisco Güeto y la de Diego Priego, en representación del Centro Obrero, como receptor del duplicado.

domingo, 4 de mayo de 2008

Noticias de la II República en Doña Mencía V


El Reglamento de la Sociedad de Oficios Varios de Doña Mencía

Afortunadamente conservamos un ejemplar de imprenta del Reglamento de la Sociedad Obrera de Doña Mencía, aunque también disponemos de una copia manuscrita. El ejemplar, hecho a imprenta en la Tipografía y Relieves de S. Peñalba de Cabra, perteneció al socio número 196, Ignacio Morales Jurado, quien tenía abonados casi todos los meses de 1931. Es un pequeño documento, breve pero de gran interés, que consta de 17 páginas y que contiene los 30 artículos que regulaban el funcionamiento de la asociación obrera de Doña Mencía. En el capítulo I se establecen los fines de la misma y en su primer artículo se indica que dicha “Sociedad tiene por objeto mejorar material y moralmente las condiciones de sus asociados para la mutua defensa de sus intereses…” y, más tarde, en el artículo tercero, en un ejemplo del papel e importancia que se concedía entre las clases populares a la educación, se expresa que “Cuando sus recursos se lo permitan”, dicha sociedad, “establecerá a beneficio de la Asociación y bajo las bases que acuerden, clase de instrucción primaria, que estará informada en el principio de libertad de conciencia”.

En el capítulo II y el artículo 11 se exponen alguno de los ideales básicos de la asociación obrera de Doña Mencía, al afirmarse que “Cada socio de esta Sociedad en los momentos difíciles de su vida o cuando se vea agobiado por una enfermedad o por cualquiera otra desgracia, tendrá derecho a la especial protección de la colectividad y asistencia de los individuos de la misma”.

Además de los capítulos específicos dedicados a los Derechos y Deberes de todos los miembros de la Junta Directiva, existe un capítulo específico, el quinto, dedicado a la Instrucción con un solo artículo, el 28, que tiene 8 apartados. En el primero se indica que “Se procederá a la celebración de conferencias científicas, artísticas o de otro género invitando a los individuos que se crean competentes” y, apartado 2º, “Si algún socio deseara explicar un curso científico, artístico o literario, lo solicitará igualmente, se abrirá matrícula, y si llegan a reunirse el número suficiente de matriculados, podrá concedérsele”. Podrán llevarse a cabo debates o, como se dice en dicho Reglamento, “conferencias de controversia”, y en las mismas “tienen perfecto derecho a manifestarse todas las ideas, y no podrá nunca recaer votación sobre ellas porque siendo su objeto la investigación de la verdad, ésta no se destruye ni se robustece con una votación en pró o en contra”. Y en el apartado 6º se expresa que “se procurará organizar en lo que sea posible veladas de propaganda societarias, artísticas, literarias o musicales con los socios que tengan especiales conocimientos y con los artistas extraños a la Sociedad que quieran prestarse a ello”.

El capítulo VI está dedicado íntegramente a regular la discusión y en el último artículo del documento, como especie de declaración de intenciones, se indica que “Esta Sociedad prescinde por completo de todo carácter político y religioso”.

En este enlace se pueden consultar integramente el texto del Reglamento de la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Doña Mencía.

También conservamos el texto manuscrito del reglamento con fecha de 27 de mayo de 1931. Al final del mismo aparecen las firmas del Presidente José María Úbeda y del secretario Manuel Moreno Rosa.

jueves, 1 de mayo de 2008

Córdoba en 1950, I

Brenan llega a Córdoba en febrero de 1949

A finales de los 70 adquirí en una librería de viejo de Sevilla una Guía turística de Córdoba editada en 1950 y escrita por Antonio Sarazá Murcia. El título exacto de la misma es “CÓRDOBA. Ciudad de los califas. Itinerario del turista”. La misma no es sólo interesante por los textos que contiene sino también por las fotografías que recoge, destacando en sus primeras páginas la fotografía aérea que adjuntamos. ¿Cómo era aquella ciudad –verdadero relicario de un glorioso pasado- a finales de los años 40 del pasado siglo XX? La imagen aérea nos disipa algunas claves y si la observamos atentamente podemos ver los cambios que se han producido en los últimos 60 años. Pero lo que no vemos es la vida cotidiana de aquella Córdoba de posguerra, marcada por la miseria y la represión, que nos describe Gerald Brenan en “La faz de España” (Ed. Plaza y Janés, Madrid 1985) en el viaje que hace diez años después del término de la Guerra Civil. Ya en el tren que lo trae desde Madrid el médico que le acompaña –que había formado parte de la división Azul y participado en las campañas de Rusia- y una vez cruzado Despeñaperros, le comenta que las rocas y los picos que se ven estaban llenos de Maquis “que no son otra cosa más que bandido y asesinos... (Gente) que no tiene ideales, simplemente matan por dinero y porque les gusta la sangre”. Más tarde, al referirse a la pobreza reinante en la región, el acompañante de Brenan alude a que la razón de la misma es que “los terratenientes no pagan unos jornales que permitan vivir” y apunta que “Los rojos tendrían que haber fusilado a esa gente”. Al despedirse de él, ya en la estación, le entrega su tarjeta, a través de la cual pudo saber que “era una de las figuras principales en la Falange de la provincia”. Brenan se alojaría en el Hotel de Cuatro Naciones –el mismo que utilizaría Castilla del Pino cuando llega a Córdoba en octubre de ese mismo año-, cerca de la iglesia de San Miguel y visita -¡cómo no!- visita la Mezquita, las Ermitas y Medina Azahara. Le acompaña como guía un maestro escuela de un pueblo de la Sierra que había luchado en el bando Nacional y que, al ser la “paga insuficiente para poder vivir, había dejado como sustituto a un hombre del lugar y abierto un pequeño negocio en Córdoba”. A pesar de todo, nos dice Brenan, su acompañante “lamentaba haber tenido que hacerlo porque le gustaba enseñar, y sabía su importancia”.

Noticias de la II República en Doña Mencía IV

El Centro Obrero en la antesala de la II República

No tenemos noticias sobre la actividad del Centro Obrero desde el 1 de diciembre de 1930. El último mes de 1930 fue movido. A raíz de las agitaciones obreras que afectaron a toda la provincia, los Centros Obreros fueron clausurados y habrá que esperar a principios de febrero de 1931 para que estos reabran sus puertas. Mientras tanto, Berenguer convoca elecciones a Cortes para el 1 de marzo, pero ante la negativa de republicanos y socialistas de participar en las mismas y la debilidad del gobierno, dimite el día 14 de febrero para que pocos días después tome las riendas el último gobierno de Alfonso XIII con el almirante Aznar a la cabeza.

La Sociedad de Oficios Varios de Doña Mencía reinicia su actividad y con fecha del 12 de febrero comunica a la alcaldía que va a celebrar una sesión extraordinaria con un orden del día protocolario. Seis días más tarde se recibe en el Ayuntamiento otra comunicación de la asociación obrera en la que se indica que en la reunión anterior se había decidido que continuase la Junta directiva anterior, excepto el presidente Francisco Navas Jurado que deja paso a José María Úbeda Montes, casado y domiciliado en la calle San Sebastián 13.

Se conservan dos comunicaciones más de sendas reuniones, en principio de trámite, celebradas el 1 y el 25 de marzo, pero sobre esta última, y no confiando que en la misma se hablase sólo de los puntos que se figuraban en el orden del día que se enviaba al alcalde, éste envía un delegado quien observó –y esto es lo que comunica el alcalde al gobernador civil al día siguiente- que lo único recibido –el punto del orden del día se refería a la lectura de la correspondencia- y que leía era una circular de propaganda comunista, prohibiendo la lectura y solicitando copia de la mentada circular, cuyo original adjunta el alcalde y que, desgraciadamente, no conservamos.

Eran malos tiempos. Como comenta Moreno Gómez (p. 26), el mes de marzo el “paro forzoso en la mayoría de los pueblos revestía caracteres de calamidad pública” y, como consta en las Actas Capitulares, otra vez volvían los jornales de miseria, a tres pesetas el de los braceros del pueblo. Por ello, y, debido a la grave crisis de trabajo, a finales de marzo de 1931 se decide conceder algún socorro a los mencianos más necesitados. Precisamente, el último día del mes de marzo, la Sociedad Obrera solicita permiso para celebrar una sesión extraordinaria en su sede social, en la calle Santa María 18. Los puntos del orden del día eran de trámite, pero en la misma hoja manuscrita que se conserva figura al margen un breve texto mecanografiado en donde consta que dicho documento fue presentado por duplicado a las nueve y media horas del 31 de marzo, haciéndole saber al presentante que se abstengan de celebrarla sin permiso expreso de la Alcaldía que ha de consultar si lo concede por ser día que se solicita el Miércoles Santo, que vacan ya los expectáculos (así en el original) y demás centros públicos.

lunes, 28 de abril de 2008

Noticias de la II República en Doña Mencía III


La lucha contra el paro en Doña Mencía

Conservamos un listado completo de los socios del Centro Obrero fechado el 24 de octubre de 1930. El número total de asociados es de 405 personas, todas hombres, y en el mismo figura junto al nombre y los dos apellidos, la edad, el domicilio y si sabían leer. En primer lugar figura Antonio Gómez Jiménez, de 36 años, domiciliado en la calle Santa María 18 y el segundo Manuel Moreno Rosa, de 31 años y domiciliado en la calle Martínez Campos 16. No nos sorprende, desgraciadamente, el alto número de afiliados que no sabían leer.

La situación de los jornaleros de Doña Mencía, a juicio de los miembros de la Sociedad Obrera, era realmente calamitosa y, por tanto, exigían que las autoridades tomaran cartas en el asunto. La cosecha de uva, a la que hemos aludido más arriba, había sido nefasta y la que se avecinaba de aceitunas no iba a remediar la angustia de una parte muy numerosa de la población de Doña Mencía. Hasta la fiesta de Jesús había sido suspendida. Por todo ello, la Junta Directiva de la Sociedad Obrera presenta, con fecha del 29 de octubre, otro escrito a la alcaldía, no se conserva el original sino sólo una copia mecanografiada, en la que se expresa que viendo los obreros que se encuentran en el paro, sin tener medio de ocupación para favorecer la necesidad de su hogar, donde le rogamos que si para el día treinta y uno del actual no se encuentran todos los obreros ocupados V.S disponga lo que tenga por conveniente que no pudiendo saciar la necesidad no hay derecho a que tengan que pasar tantas necesidades las criaturas porque los patronos se nieguen a ocupar a estos obreros. Por ello solicitan se constituya una comisión de patronos y obreros que se reúna en la casa Consistorial a la hora que V.S. tenga por conveniente.

Cuando uno lee estas líneas no puede sino constatar un hecho lamentable en la historia de Andalucía y, por ende también, en la de nuestro pueblo. Un largo atraso económico ha marcado, desgraciadamente, nuestra historia y las quejas sobre el hambre y la falta de empleo aparecen continuamente en las actas del cabildo municipal, tanto en 1930 como en muchos momentos de épocas pasadas. Así, en 1772, y ante otra situación de grave crisis económica, los jornaleros del pueblo, agolpados en la plaza del Pradillo, solicitan al alcalde que la Iglesia dominicana contribuya a paliar su penuria. Ésta argumentará que los fondos de dho Convento parroquial no son tan superabundantes, pero que acreecerá su limosna para todos los pobres trabajadores y demás que lo sean con habas guisadas y pan a proporción de sus personas y familias desde el día de mañana 21 de marzo de 1772.


El alcalde de Doña Mencía se queja del reducido término municipal

No sabemos si se constituyó la comisión paritaria que pedían los jornaleros del pueblo, ni por tanto, conocemos sus conclusiones, si es que llegaron a algunas. En todo caso, el alcalde de Doña Mencía, ¿a la sazón Miguel Lama Úbeda? dirige un escrito al gobernador civil de la provincia, con fecha 5 de noviembre de 1930, en el que, en lo fundamental dice que la villa tiene un reducido término municipal, unas 1500 has, de las que quitadas la pedriza, sólo quedan menos de 100 has laborables, y para ellas existen mil obreros en el término. Por todo ello, señala el alcalde en su escrito, debe comprenderse el grande sacrificio que están haciendo estos patronos y el trabajo de esta Alcaldía y amigos, para dar constante solución a esta cuestión, y, lo que es más preocupante a su juicio, luchando con las pasiones y las propagandas que se vienen haciendo.

Para más inri, el vecino término de Baena, de cuya jurisdicción se separó Doña Mencía en 1654 y con un reducidísimo término, tiene unas QUINCE MIL HECTÁREAS –así aparece en el original- para atender las necesidades de empleo de unos mil quinientos obreros parados. El Ayuntamiento de la localidad vecina obliga a los hacendados de aquel a contratar vecinos de esta villa, verificando un reparto injusto y no respetando estas excepcionales circunstancias de esta villa. Y añade, antes que la divisoria jurídica está la divisoria moral, máxime cuando se trata de un pueblo tan rico y de tanto término y de otro modesto y de chico espacio laborable. Desde la separación de la jurisdicción en 1654, Doña Mencía siempre trató de que sus vecinos no fueran tenidos como forasteros en el término de Baena y de que continuase la comunión de pastos que siempre había existido. Pero a finales de 1930, la coyuntura económica era crítica y cada Ayuntamiento trataba de impedir el trabajo a los jornaleros de otros términos. El problema se agravaba en los pueblos, como el nuestro, con un reducido término y en el que tradicionalmente los jornaleros trabajaban en los términos de los vecinos. Cuando Largo Caballero, como ministro de trabajo del gobierno provisional de la II República puso en marcha la ley de términos municipales con el objeto de evitar de que ante una situación de huelga se contratasen a trabajadores de otros términos, también en Doña Mencía, se decidió solicitar una entrevista con el ministro para evitar las consecuencias negativas que la aplicación rígida de dicha medida podía producir en nuestro pueblo.

Cinco días después de que el alcalde de Doña Mencía hiciera la petición al gobernador civil para que el Ayuntamiento de Baena fuese más generoso con los jornaleros mencianos, la Sociedad Obrera de Oficios Varios dirige un desesperado ultimátum al alcalde para que si en el término de cuatro días no se ocupan todos los obreros y su capital no le deje para comer, por intransigencia tendremos que concurrir ante la presencia del Gobernador de esta provincia.

Conservamos, todavía, algunos documentos de la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Doña Mencía desde la fecha anterior hasta fines de año. Con fecha de 22 de noviembre se comunica a la alcaldía que se va a celebrar una sesión extraordinaria en la que va a intervenir Adriano Romero para hacer un informe sobre lo que es y representa el comité de Reconstrucción de la confederación Nacional del Trabajo y cuatro días después piden permiso para que una comisión de dicha sociedad se ponga al habla con el Alcalde en las horas que a V. le sean convenientes de esta noche o mañana noche. Sólo sabemos que poco después solicitaron permiso para que a las ocho del 1 de diciembre puedan reunirse con el alcalde para tratar de los obreros que hay en paro.

El resto de la documentación de este año está constituida por comunicaciones al ayuntamiento en donde consta el día de la reunión y el orden del día de la misma. En la sesión del 31 de diciembre de 1930 presentaron un balance de cuentas con un superavit de 90 ptas y 80 céntimos.

Noticias de la II República en Doña Mencía II


El Centro Obrero de Oficios Varios abre de nuevo sus puertas

El fin de la Dictadura de Primo de Rivera supuso el inicio de una fase política caracterizada por la grave crisis que arrastra la monarquía de Alfonso XIII. En nuestro pueblo, el movimiento obrero organizado inicia una nueva andadura y con fecha del 12 de octubre de 1930, Manuel Moreno Rosa, como secretario interino de la Sociedad de Oficios Varios, comunica al alcalde que mañana dicha asociación va a celebrar, en la calle Sta María 18 que su domicilio social, su primera reunión ordinaria para tratar de intereses generales y particulares y varios nombramientos. Al mismo tiempo le hace saber que el reglamento de dicha asociación ya ha sido presentado en el Gobierno Civil.

La junta directiva de dicha asociación, elegida en la sesión citada del 13 de octubre, es la siguiente: presidente, Francisco Navas Jurado, casado, de 35 años de edad y domiciliado en la calle Calvario 15; vicepresidente, Diego Priego Salamanca; secretarios Manuel Moreno Rosa y Juan Muñoz Borrallo; tesorero, Rafael Aceituno Jiménez; contadores Vicente Polo Jurado y Lorenzo Montes Tienda y vocales Antonio Gómez Jiménez y Alfredo Recio Blanco. Se conserva la nota mecanografiada que el alcalde entregó al funcionario del Ayuntamiento, Pedro Moreno Tienda, para que asista a dicha reunión procurando que se cumplan los preceptos de la vigente Ley de Asociaciones y no se trate de otros asuntos que los anunciados a esta alcaldía. Y como funcionario cumplidor, Pedro Moreno Tienda remitió al alcalde otra nota mecanografiada en la que hacía constar que dicha reunión se verificó con gran concurrencia y dentro del mayor orden. Anotaba el nombre de todos los miembros de la Junta Directiva con sus edades correspondientes y estado civil, haciendo constar también que una vez elegida la nueva Junta ninguno de los allí reunidos intentó hacer uso de la palabra. Nueve días después el presidente de la Sociedad Obrera remitirá otro documento en el que constan el nombre de los miembros de la Junta Directiva y sus domicilios respectivos.

Pero la nueva asociación obrera había surgido con fuerza y con ganas de influir decisivamente en la política del pueblo, teniendo en cuenta la situación angustiosa de los trabajadores mencianos, en su mayoría jornaleros del campo. A los dos días de constituirse la nueva junta directiva del centro obrero, su secretario, Manuel Moreno Rosa, que se convertirá en el primer alcalde de izquierdas de Doña Mencía en junio de 1931, se dirige de nuevo a la primera autoridad municipal para comunicarle que al día siguiente, 16 de octubre, habrá un acto en el teatro de la calle Eras, propiedad de D. Juan José Vargas, para la exposición y defensa de nuestra mejora. En dicho acto harán uso de la palabra Luis Úbeda, de Nueva Carteya, y Adriano Romero de Córdoba y los temas de que hablarán son: en primer lugar sobre La necesidad de la organización y estructura y sobre La unidad sindical en la base, en segundo lugar.

Las conclusiones de dicha reunión fueron también transmitidas a la alcaldía al día siguiente, aunque sólo se conserva una copia mecanografiada de la misma, en las que se solicita, entre otras cosas, que los jornales se suban a 14 reales, que los patronos no rechacen a ningún obrero, que las semillas sean tiernas y el aceite de buena calidad en las casas de campo, que se de de mano a las dos de la tarde en todos los trabajos de cava con la azada y que dure este contrato hasta primero de abril de 1931.

La actividad de la Sociedad Obrera de Oficios Varios de Doña Mencía era trepidante y ese mismo día, el 17 de octubre de 1930, presentan otro escrito ante la alcaldía solicitando permiso para celebrar una conferencia pública, de orientación societaria, al día siguiente a las ocho de la noche en su sede social, Sta. María, 18, y en la que intervendrán Francisco Sánchez, que disertará sobre el tema “El retraimiento de los obreros hacia la organización” y por segunda vez Luis Úbeda Cañero que lo hará sobre “La necesidad de la organización obrera y su estructura” y Adriano Romero Cachinero que disertará sobre “Diferentes sistemas en que se halla dividido el movimiento obrero”.

Noticias de la II República en Doña Mencía I


Vista de Doña Mencía
Cargado originalmente por agomezperez7
Mala cosecha de uvas en 1930
No fue un buen año 1930 para Doña Mencía. En la reunión de la corporación municipal del 12 de abril se solicita que se rebaje el precio del pan y catorce días después, y siguiendo con la costumbre establecida, el Ayuntamiento concede un socorro de 2,50 ptas a doce pobres del pueblo. Los nombres de algunas calles del pueblo todavía conservaban las huellas de los vaivenes políticos, y aunque en la reunión del 14 de junio se decide restablecer el nombre de la calle Granada, haciendo desaparecer el de Primo de Rivera y también el de Plaza del 13 de septiembre de 1923 que ha venido a interrumpir el orden numérico de las calles Granada y Pilarito, perviven aún en el callejero menciano los nombres de Prim, Sánchez-Guerra, Martínez Campos y Alfonso XII. Una semana después se decide reponer la columna de la Plaza Mayor.

Pero lo peor estaba por venir, la cosecha de uva de aquel año fue desastrosa, y con fecha del 7 de agosto, los más de 100 propietarios de viñedos del pueblo solicitan ayuda al Ayuntamiento, pues, según denuncian, en algunos pagos la pérdida ha sido total, en otros más de dos terceras partes y en el resto la mitad, agravándose el problema, se afirma en el acta del cabildo de este día, ante la amenazadora crisis de trabajo que ya preocupa la atención de las autoridades.


Ante tal panorama, y teniendo en cuenta las circunstancias por las que atraviesa la villa, las autoridades municipales deciden limitar los festejos de Jesús a los de carácter local, o sea fiesta religiosa, sermón, velada, etc., y prescindir del gasto de la banda, alumbrado extraordinario, etc. No estaba el horno para muchos bollos aquel año. La cuestión obrera preocupaba a todos y los viajes a Córdoba para tratar este asunto fueron frecuentes a lo largo del verano y a todo ello debe sumarse el aumento de la población menciana a lo largo de la década de los 20 alcanzando más de 5.400 habitantes en 1930, casi 400 más que en 1920. Los efectos del crecimiento de los años 20 también tuvieron su efecto en la natalidad agravando la crisis económica de la década siguiente.

viernes, 18 de abril de 2008

Cartel de las Jornadas de Historia, 2003


Ahí va otro magnifico cartel de Carmelo López elaborado para las jornadas de Historia Local de 2003 e inspirado claramente en los grandes cartelistas de la Guerra Civil española. Y si queréis ver algunos carteles de aquella época sólo debéis pinchar aquí para acceder a la magnífica colección del Archivo General de la Guerra Civil que contiene una colección de 2280 carteles reproducidos con gran calidad.

jueves, 28 de febrero de 2008

Los asesinatos de Genaro y la violencia de género en Doña Mencía (IX)

“Viva nuestro amado rey Alfonso XIII”, gritó Genaro al conocer la noticia de su indulto

(Dibujo: Carmelo Lópz de Arce).

EL defensor de Córdoba, 25 de junio de 1908, portada.

Como comentamos en la entrada anterior, a las 1,40 del 23 de junio llega a Córdoba la noticia oficial del indulto transmitida por el Ministro de Gracia y Justicia al presidente de la Audiencia y poco después, éste, acompañado del “gobernador civil, del presidente de la Diputación y de los magistrados que componían la sala sentenciadora junto a los periodistas Montis Romero y el director de “El defensor de Córdoba” se dirigieron a la cárcel para comunicar a Genaro la noticia feliz del indulto, quien al recibirla dijo: “Viva nuestro amado rey Alfonso XIII” y se abrazo emocionado a cuantos estaban presentes”.

El diario de Córdoba, 24 de junio de 1908, pág. 2

Seguidamente, a las cuatro de la madrugada se celebraría en la cárcel una solemne misa que “se oyó en sepulcral silencio, destacando claramente las exhortaciones de fr. Diego y la voz de Genaro Jiménez Cantero repitiendo las protestas de arrepentimiento y amor a Dios. Fue un acto altamente conmovedor”. Y continúa “El defensor de Córdoba” en su edición del 23 de junio, que “terminada la misa, el padre fr. Diego rezó una salve a la Virgen Santísima en acción de gracias por haberse conseguido el indulto y al finalizar, los presos, como movidos por u resorte, dieron millares de frenéticos vivas al rey. La escena fue –sigue la crónica de “El defensor de Córdoba”- de las que arrancan lágrimas. El compañero de cadena de Genaro solicitó verlo y, concedido el permiso, el preso le abrazó y rompió en abundante llanto de alegría. Las mujeres, al enterarse del indulto, dieron muchos vivas. En el patio de la cárcel, los presos se hartaron de vitorear a los reyes y todo el día ha perdurado en aquella casa de tristeza una grata nota de alegría” (sic).


El diario de Córdoba, 25 de junio de 1908, pág. 2

La prensa local también publicó la carta que Genaro dirigió a su tío el 19 de junio de 1908, cuando su ejecución era inminente:

Queridísimo tío: valor para recibir la triste noticia que voy a comunicarte. Llegó la hora fatal para mí. Si quieres darme un último abrazo ponte enseguida en camino: vas a Cabra y que se venga contigo mi pobre madre y mi hermanito Domingo.

Te ruego hagas lo que te digo y te lo agradeceré en el alma. Muchos abrazos a tus hijos y tú recibe el cariño del desgraciado sobrino. Genaro”.

domingo, 24 de febrero de 2008

Los asesinatos de Genaro y la violencia de género en Doña Mencía (VII)

El defensor de Córdoba, 17 de julio de 1907, portada.

Genaro es condenado a garrote vil

“Fallamos que debemos condenar y condenamos a José Genaro Jiménez cantero, como autor de cuatro delitos de asesinato y de uno de arma de fuego contra persona determinada, por cada uno de los cuatro primeros delitos a la pena de muerte, que se ejecutará en la forma que determina la ley… Córdoba a diez y ocho de julio de 1907”.


El defensor de Córdoba, 17 de julio de 1907, pág. 2.

Así terminaba la sentencia en la que se condenaba a muerte a nuestro paisano Genaro. De nada le valió la defensa que hizo su abogado en la sesión celebrada el día anterior, miércoles 17 de julio de 1907. Incluso llegaría a afirmar en la vista que Genaro no padecía de embriaguez alcohólica sino amorosa. Éste permaneció callado durante toda la sesión y no quiso intervenir tras la exposición de los letrados. A las ocho de la tarde se retiró el jurado a deliberar y a las 22,45 horas de ese día se reanudó la sesión para dar lectura al veredicto.

El defensor de Córdoba, 18 de julio de 1907, pág. 2.

Ni el tribunal ni el jurado se conmovieron por las argumentaciones de la defensa. Al jurado se le plantearon 58 preguntas y en la mayor parte de ellas se daba la razón a las propuestas del fiscal considerando al procesado culpable de los cuatro asesinatos de que se le acusaba y uno de disparo de arma de fuego.

El diario de Córdoba, 18 de julio de 1907, portada.

Nota: mi agradecimiento al exfiscal José Paniagua Gil que me proporcionó el texto íntegro de la sentencia.

El diario de Córdoba, 18 de julio de 1907, pág. 2

El diario de Córdoba, 19 de julio de 1907, pág. 2.

domingo, 17 de febrero de 2008

Los asesinatos de Genaro y la violencia de género en Doña Mencía (VI)

(Ilustración: Carmelo López de Arce)

Genaro bebía algunas veces y los hermanos de Adela se burlaban de él”, declararía Antonio Jiménez, hermano de Genaro, en la segunda sesión del juicio.

Esta segunda sesión estuvo dedicada a las declaraciones de los testigos y, según se apuntaba en “El Imparcial” en su edición del 16 de julio de 1907, “la sala donde se celebran los debates fue ocupada desde primera hora por una concurrencia muy numerosa. Entre los testigos propuestos por el fiscal estaba Adela Muñoz “amante del procesado”, fallecida a los pocos días de los asesinatos “por la impresión que recibió”, según el reportaje firmado de nuevo por el Licenciado Lamparilla en “El defensor de Córdoba”, que otra vez da la noticia en su portada del 16 de julio. Entre los testigos de la defensa estaban el hermano de Genaro y la madre de ambos, que acogiéndose a la ley se retiró del estrado sin hacer ninguna declaración “notándose en su rostro una emoción intensa”. No se presentó D. José Delgado Monroy, cura párroco de Doña Mencía, propuesto por la defensa o la defensa renunció al mismo, como apunta “El diario de Córdoba” en las páginas interiores de su edición del miércoles 17 de julio de 1907.

El defensor de Córdoba: 16 de julio de 1907.

En la reforma de conclusiones, el fiscal considera que en la primera muerte hubo alevosía y premeditación; en la de María de los Santos, alevosía, ser la morada de la víctima, nocturnidad e incendio; en la de Martina, la mismas menos la de incendio y respecto a la de Francisca la de alevosía, nocturnidad y desprecio del sexo.


El diario de Córdoba, 17 de julio de 1907

Para la defensa, José Genaro Jiménez Cantero estaba completamente loco al realizar los hechos y, por tanto, debía estimarse en su favor esta circunstancia, además de la casi imbecilidad, embriaguez, arrebato y obcecación.