VAE
VICTIS! Ay de los vencidos. Doña Mencía 1900-1950
11
Biografías
de represaliados mencianos. Letra
A (I)
Alcaide
Redondo, Alejandro
IV
En
su declaración inicial, nada
más llegar a Doña Mencía al término de la guerra,
el
alcalde Manuel
Moreno Rosa señaló
que
tras
su regreso al pueblo en la
noche del 21 de julio “comenzó
la actuación en contra del Movimiento
haciéndose cargo de la subversión y estableciendo en el Casino
de Labradores
el
Comité
de Defensa de la República
organizando las Milicias Rojas, nombrando Jefe de la mismas a don
Alejandro Alcaide
Redondo e
instructor a Fernando Contreras”. Desde
el
balcón de dicho Casino Manuel
Moreno Rosa dirigiría la
palabra “a las masas revolucionarias congregadas en la plaza
aconsejándoles obediencia y disciplina a los Jefes nombrados en bien
de la República y haciéndoles
presente que no estuviera en el ánimo
de ninguno el molestar
lo más mínimo
a las personas detenidas ni a sus familiares, que las órdenes de
detención de personas de orden, registro de domicilios, incautación
de armas y demás hechos cometidos fueron dadas en conjunto, previa
deliberación que tuvieron en el Círculo de Labradores citado”.
Llama
la atención que don Alejandro Alcaide Redondo se
dirija a la población desde el balcón del Ayuntamiento y Manuel
Moreno Rosa lo haga desde el Casino.
Dos
días más tarde, el 22 de julio, de nuevo se reúnen los miembros de
la Comisión
Gestora Municipal antes
citada con objeto de tomar acuerdos “dadas las circunstancias
graves en que se encuentra la Patria” en relación con el
abastecimiento de subsistencias de esta población, decidiendo que es
necesario “averiguar las existencias de harina y consumo diario de
pan” y ordenando que “se coloquen dos personas autorizadas por la
Alcaldía y tomen nota en las puertas de los establecimientos y
panaderías de lo cada comprador adquiera y personas que componen las
familias”. Con el fin de evitar que se especule con los productos
de primera necesidad se prohíbe que “las subsistencias se expendan
a un precio superior al que tenían el día 17 del presente mes” y,
además, debido a que “ las existencias de harina no serán
suficientes para las necesidades de esta población durante varios
días, se acuerda la incautación del trigo existente en los molinos
de D. Miguel Jiménez Vargas y Joaquín Malagón entregándola a
los panaderos para la fabricación diaria de pan”. También se
acuerda que los vecinos de aquellas casas que han tenido enfermos y
puedan tener alguna cantidad de medicamentos y ampollas hagan entrega
de los
mismos
para cubrir la falta de ellos. Finalmente se nombra una Comisión
de Abastecimiento,
que actuará con el visto bueno del alcalde y presidida por el
primero de los tres: Dionisio Urbano Moreno, Bernardo Jiménez Montes
y Alejandro Alcaide Redondo.
Un
día después, el
24
de julio,
se reúne de nuevo el Comité
(en
este caso aparece como
Comisión) de
Defensa de la República
bajo la presidencia del alcalde Esteban Cejudo Montes, con objeto de
que la Comisión
de Subsistencias
dé cuenta de su actuación. Se concedió la palabra al maestro y
miembro del Comité, Alejandro Alcaide Redondo, quien “manifestó
que se están facilitando diariamente cincuenta kilos de carne para
los individuos dedicados al servicio de la población cuya carne se
facilita por el tablajero Antonio Martínez Salamanca, sin percibir
por ahora su importe y como este señor carece de recursos para
seguir administrándola en los días sucesivos se propone por
indicación de este tablajero que esta comisión acordara que Antonio
Romero Romero, vecino de Zuheros entregara las reses necesarias a
cuenta de este Ayuntamiento, “prestándose él a los trabajos
necesarios de sacrificio y expedición”. No
sabemos si fue necesario acudir al pueblo cercano ya que, y según
la declaración que hacen
Lorenzo
Jiménez
Pavón y Juan Lastres Ordóñez, los dos de 37 años y de la misma
quinta de 1923, ante
el comandante de la Guardia Civil, el
primero el 15 de abril y el segundo el
1 de mayo de 1939, junto
a Antonio Cañete Moreno y otros más se
trajeron de
La Nava
“doscientas cabezas de ganado vacuno para el consumo de la
población”, aunque no recordaba -declararía
Juan Lastres Ordóñez más preciso que Lorenzo Jiménez Pavón-
cuántas se sacrificaron. Aunque
no fue la única requisa que llevaron a cabo esos días ya que
también recogerían un jamón de la casa de Juan T. Guisado Jiménez
y otro en la de Antonio Jiménez Vargas, “los cuales” -declaró-
“nos los comimos alegremente en compañía de otros compañeros”.
Y añadiría, el
segundo de los citados
que, junto a los compañeros citados, estuvieron varios días
recogiendo trigo para el abastecimiento de la población, aunque
esto lo hicieron, precisa, “por orden del Alcalde”.
Entre
las defensas que se hicieron en pro de don Alejandro Alcaide Redondo
figura la del hacendado Francisco Campos, fechada el 15 de marzo de
1941, que ya citamos más arriba refiriéndose a que gracias a él se
contuvieron las “turbas revolucionarias”, pero en la misma añadió
que “cuando
había conseguido de los dirigentes marxistas que los presos fuésemos
puestos en libertad se presentaron unos elementos rojos forasteros
que enterados de lo que pretendía el sr Alejandro Alcaide Redondo
llamaron a varios de los mozalbetes de las juventudes comunistas y en
unión de ellos recriminaron al dicho señor e incluso llegaron a
amenazarle. No obstante y con la exposición consiguiente que suponía
contradecir cualquier decisión de aquellas juventudes marxistas
pudo lograr
que fuésemos trasladados a otro sitio más amplio e higiénico y que
nuestras familias fuesen a visitarnos cuando quisiesen”. Se
refiere al local de las escuelas municipales de la calle Juan Valera,
las las mismas donde impartía clase don Alejandro Alcaide Redondo.
 |
| Declaración que Francisco Campos Roldán hizo en favor de Alejandro Alcaide Redondo el 15 de marzo de 1941. Fuente: TMTSS. SS. Nº 1919/39. Leg. 529. Nº 18143. Folio. 42. |
En
la declaración que hizo el
médico José Sánchez en
favor del maestro don
Alejandro reconoció
la defensa que hizo de
modo incondicional de
las personas de derechas y aludió
a dos momentos vividos por él que fueron críticos, sobre todo el
segundo. En la primera ocasión, que solo sería una confusión
producto del momento, cuando iba a visitar a un enfermo acompañado
de dos municipales y “al verlo el procesado creyendo que iba
detenido hizo saber
a los referidos municipales que al declarante no podía molestarse”.
Otro
día “como hubiera una
alarma en el pueblo pretendieron rociar con gasolina la cárcel donde
se encontraban detenidos los elementos de derechas y les apuntaron
con pistolas, ocasionándose con esta actitud de las masas una
ocasión de verdadero peligro, el declarante pidió auxilio al
procesado que se lo encontró en la calle y sin pérdida de tiempo se
encaminó a donde estaba la cárcel y dirigiéndose primero a las
personas que estuvieran tranquilos que no les ocurriría nada y
después a las masas que pretendían el hecho criminal y les dijo que
aquello no podía hacerse que
los
presos son sagrados, evitando con esta actitud que las turbas
llevaran a cabo sus fatales propósitos”. En
una ampliación de la declaración comenta que debido al elevado
calor que sufrían los detenidos y después de varias gestiones
apoyadas por don Alejandro se acordó trasladarlos, pero cuando se
iba a efectuar el traslado varios milicianos protestaron diciendo que
“si
los presos se trasladaban ellos se marchaban a las trincheras y
entonces el procesado dirigiéndose al declarante le dijo: Ve Vd.
como no puedo ya hacer todo lo que quisiera”. Pero
al final los presos serían trasladados desde el depósito municipal
del Ayuntamiento a la cárcel que se habilitó en las escuelas
municipales.
Sabemos
que a finales de julio y primeros de agosto marcharon también
de
Doña Mencía el líder comunista
Manuel
Moreno Rosa y
su hermano Eugenio; Justo
Salamanca Urbano; Santiago
Gómez Tapia e
Ignacio
Morales Jurado.
Y
también en esas fechas huyeron de Doña Mencía el maestro don
Alejandro
Alcaide
Redondo acompañado de Pedro Córdoba Moreno que marcharán a
Almagro.
Alejandro
Alcaide Redondo declarará
en Cabra el 15 de julio de 1940 que se fue del pueblo antes de que
entraran las “fuerzas nacionales” y que se marchó “hacia
Almagro donde se encontraba su familia así como su padre que había
desempeñado durante años el cargo de Presidente de Unión
Patriótica”.
Allí se hizo cargo de una escuela durante siete meses y más tarde
de
otra
en Campo de Criptana hasta el 10 de junio de 1937, “que fue
movilizado ingresando en el 1º Batallón de Instrucción de la 63
División que estaba en Extremadura y durante
unos
cuatro meses estuvo
en
la Compañía de Depósito, en cuya unidad desempeñó el cargo de
Delegado Político accidentalmente durante tres meses y más tarde
fue destinado de soldado el Batallón 455 de la 114ª
Brigada Mixta”. En el informe de la Guardia Civil de Campo de
Criptana se dice “que marchó voluntariamente al Cuerpo de
Carabineros, antes de terminar la guerra, cuyo fin le sorprendería
en Villanueva de Córdoba”. Pedro
Córdoba Moreno acompañó a don
Alejandro Alcaide Redondo
a
Almagro y después pasó a Campo de Criptana, Jaén y Ciudad Real. En
Almagro estuvo diez
meses trabajando en obras municipales y
después en
Campo de Criptana el
mismo tiempo.
En
la batalla de Guadalajara, marzo de 1937, Franco, “decidido a
cumplir el objetivo de embolsar Madrid”, recurre a las tropas
fascistas italianas aliadas, al mando de Roatta, quienes sufrirían
una espectacular derrota a manos del reconstituido Ejército Popular
de la República, comandado por Miaja y Rojo, y en la que fue clave
la participación de las Brigadas Internacionales XI y XII. Fue la
primera victoria republicana de gran resonancia. Allí luchó Antonio
Montes Navas, nos
decía en el salón de su casa, y desde
Úbeda, junto a Manuel Perrete,
se
fue
a Ciudad Real, formando parte de un escuadrón de enlaces, donde
coincidió con el maestro republicano don Alejandro Alcaide Redondo
con el que se hizo una foto -“nos retratamos juntos don Alejandro,
Pedro Córdoba y José Durazno”,
me dijo en una de las muchas conversaciones que tuve en su casa- y
fue partícipe de la victoria de Guadalajara junto a otros paisanos.