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viernes, 5 de septiembre de 2008

La fiesta de Jesús de 1937

Os adjuntamos el texto de la Comisión Municipal Gestora de Doña Mencía, celebrada el día 31 de agosto de 1937. Saquen ustedes sus propias conclusiones.

A iniciativas del Sr. Alcalde fue acordado también sin necesidad de discusión, commemorar el día de Nuestro Padre Jesús de Nazareno que corresponde al día catorce de septiembre próximo, con fiesta religiosa y procesión, en desagravio al tiempo reciente y por fortuna pasado en que los poderes constituidos no daban libertad a los sentimientos de veneración que siempre tuvo y tiene este pueblo por su Protector y se autoriza a dicho Señor Presidente para contratar a la banda de música del Ave María de Cabra, que amenice la fiesta, con cargo al correspondientre Capítulo y Artículo del Presupuesto vigente”.

Fuente: AHMDM, 1937. Actas de la Comisión Gestora Municipal de Doña Mencía.

domingo, 20 de abril de 2008

La fiesta de San Pedro en 1661

Aquel año, el señor de la villa, el duque de Sessa y Baena, conde de Cabra, vino a Doña Mencía. Quiso acercarse a una de sus posesiones -pocas veces lo hizo- y ¡cómo no!- había que agasajarlo debidamente. En la tarde del día de San Pedro se hizo un regocijo de toros y bajados lo que se hiço de la carne de un toro que se mató, cuyo producto -unos 142,5 reales- deben ser restados del gato total de la fiesta. Así consta en el acta capitular del 20 de mayo de 1661, y en la de 22 de junio del mismo año se dan más detalles del costo real ajustándose el mismo en 519 reales, teniendo en cuenta los gastos de toros y también la comida que se hiço al duque cuando estuvo en esta villa.

miércoles, 16 de abril de 2008

Sobre las fiestas de San Pedro de 1650 II

Los capeos de la fiesta de San Pedro Mártir de 1650 costaron unos 200 reales o, por lo menos, esa es la cantidad que tenía en su poder Diego de Montes, en quien se depositó lo recogido por arrendar las yerbas del Rincón de la Venta a Cristóbal de Salas -vecino de la villa de Baena- y que se destinó a pagar los vaqueros y comida dellos y sogas y Música de la pasada fiesta. Así consta en el acta capitular del AHMDM de 15 de junio de 1650.

lunes, 14 de abril de 2008

Capeos en la fiesta de San Pedro Mártir, 1650

Os transcribo a continuación el texto del acta capitular del 25 de abril de 1650 del AHMDM sobre la fiesta de San Pedro:
"... dixeron que a tenido una carta del Sr Licenciado D. Rodrigo De vida Roldán, Corregidor de esta villa en que pide a este concejo disponga que para la fiesta del sr San Pedro Martir aya algunos capeos y leyda la dha carta acordaron en que si buscasen capeos fuera de esta villa se les causará mucha costa y que para el regocijo que se a referido ay labradores en esta villa que dan algunos capeos y caso que en la plaça donde se librasen se desgraciare alguno de ellos este Concejo los satisfará por lo que dos personas dijeren valer los agora y para el diputado de dha fiesta nombraron al dho jurado Alonso Felipe Romero y el presente en esta vila Lucas de Vera para que los dhos capeos les trayga a la plaça desta dha villa..." 25 de abril de 1650.

Total que para buscar a los toreros fuera del pueblo los había mejores en Doña Mencía, que el Ayuntamiento los socorrería si alguno de ellos se desgraciare.

Este es el primer documento que he encontrado en nuestro archivo municipal sobre la fiesta de San Pedro y su origen. Os iré añadiendo algunos más, también muy interesantes, sobre dicha fiesta.

martes, 18 de marzo de 2008

La semana santa de Doña Mencía en las cartas de Valera

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No voy a entrar en las cualidades o sobre el valor cultural/artístico de nuestra Semana Santa. Digo nuestra porque la Semana Santa no es sólo de los que salen en las procesiones sino de los que las contemplan con más o menos interés. Yo soy de estos últimos. Mi Semana Santa es de otros tiempos, de aquellos años postreros de la posguerra en los que estrenábamos en Domingo de Ramos –quien no estrena en Domingo de Ramos se queda sin manos, dice el refrán- y en los que había menos algarabía y menos espectáculo. Era otra Semana Santa, más silenciosa, más austera –como la España de aquella época- y con menos abalorios. Y también, más religiosa o, por lo menos, a mi eso me lo parecía, sobre todo cuando veía a mi abuelo Justo quitarse el sombrero y arrodillarse en la plaza al paso del Sepulcro. Eran otros tiempos en los que el Jueves Santo aparecía medio festivo en el almanaque y en los que el Viernes Santo era el único día del año en el que se holgaba. Un familiar muy cercano llegó a prometer que iría a misa los domingos cuando dejase de trabajar tales día de fiesta –al parecer durante mucho tiempo sólo eran días de fiesta para algunos-.

Bueno, a lo que vamos. Al margen del reconocimiento o no de la categoría artística o cultural de nuestra Semana Santa, algo no se le puede discutir y es que pocas semanas santas de pueblos andaluces han sido narradas por escritores tan ilustres como nuestro don Juan Valera. Hace poco tiempo llegó a mis manos un libro fechado en 1971 y escrito por Carlos Sáez de Tejada sobre la relación epistolar entre Juan Valera y Serafín Estébanez Calderón. Es una pena que entre las muchas cartas manuscritas editadas en facsímil y que contiene el libro no haya ninguna de las escritas en Doña Mencía. Era un pequeño regalo del escritor Rafael Reig, actual columnista de “El público” y que participó, con escaso éxito de público, en el ciclo de conferencias que se organizaron en 2005 en la Casa de la Cultura de Doña Mencía con motivo del centenario de la muerte de don Juan Valera. Gracias Rafael por el regalo. Y allí, en ese libro, están todas las cartas que don Juan Valera dirigió a su gran amigo “El Solitario”. No conozco tan pormenorizadamente la obra valeriana como nuestro amigo José Jiménez, pero creo que es una buena ocasión para dar a conocer el relato que hace el escritor menciano sobre la gran fiesta de nuestro pueblo, a la que menciona en otras de sus obras. Valera ya había estado en Nápoles, en Lisboa y en Río de Janeiro. A su regreso, a finales de 1853, y tras pasar una temporada en la capital de España con su madre y sus dos hermanas Sofía y Ramona, Valera decide realizar “una súbita escapada a su tierra y casa familiar, a la de Doña Mencía, soleada, encalada de muros, grisácea de olivares viejos, donde le aguardaban los brazos cansados de su padre y la amistad desinteresada y antigua del cura curioso y socarrón, del administrador, del médico, y de tantos otros notables del pueblecito, que han oído contar sus aventuras en los muchos años de ausencia”. SAENZ DE TEJADA BENVENUTI, Carlos, “Juan Valera. Serafín Estébanez Calderón. 1850-1858”. Madrid. 1971. Edit. Moneda y Crédito. Pág. 258.

Son cuatro las cartas escritas en 1854 desde Doña Mencía y dirigidas a Estébanez Calderón. Tres de ellas están fechadas en el mes de abril y la otra a finales de octubre, pues aunque pensaba estar de vuelta en Madrid “dentro de pocos días”, en realidad pasó una larga temporada con su padre. Son las mismas que aparecen en el tomo I de la correspondencia valeriana recientemente editada. En la segunda de las cartas, la fechada el 19 de abril de 1854, hay una larga e interesante descripción de la divertidísima Semana Santa de nuestro pueblo.

Aquí he pasado –así comienza el segundo párrafo de la carta- una Semana Santa divertidísima y yo he visto a lo vivo la pasión y muerte de Jesús. Rodeaban a este buen Señor, cuando iba al suplicio, más de cuarenta soldados romanos –ahora hay muchos más- con estandartes de mil colores, águilas y lanzas larguísimas. Detrás venían los judíos vestidos de majo, con carátulas de diformes narices y llenas de verrugas, como las de Tomé Cecial –el escudero de Sancho Panza-. En medio de estos judíos iba Judas más feo y más narigudo que ellos aun; y asimismo iban los demás Apóstoles, tristes y devotos, con sus rosarios en las manos; el bueno y el mal ladrón; los cuatro evangelistas escribiendo en una tablillas el Evangelio. Pero los más estupendos y maravillosos de la procesión eran los hermanos de cruz, en número de hasta 250, en trage de nazarenos, con sus cruces a cuestas; los más descalzos, y no pocos con grillos y cadenas arrastrando. La devoción de algunos llegaba hasta el extremo de llevar en vez de cruz unas disciplinas desmesuradas: con la cuales se zurraban las nalgas muy a su sabor. Apenas salió Jesús a la calle, empezó a llover –esperemos que no ocurra este año-, que fue milagro patente, pues hacía mucho tiempo que no llovía y estaba haciendo mucha falta el agua –en esto sí hay coincidencia de nuevo-.

Y en el tercer párrafo Valera, cómo no, ensalza la Semana Santa de su pueblo, e, incluso, llega a decir que nuestras fiestas son mejores que las de Sevilla y Roma. ¿Cómo es posible, que no hayamos sabido vender turísticamente este atractivo? ¿Qué Semana Santa tiene un narrador tan ilustre que, aunque exagerando, claro está, la compare con la de Sevilla? En fin –dejemos hablar a Valera de nuevo- yo he asistido en Roma y en Sevilla a las fiestas de la Semana Santa; y hallo, con todo, que son mejores y más ejemplares las de aquí. Que pasos tan lastimosos, que pregones desde las casas consistoriales condenando a Cristo a muerte en nombre de Pilatos tradidit Jesum voluntati eorum –traicióno a Jesús por la voluntad de ellos- que rasgarse el velo del templo, que temblar la tierra, y que herirse los pechos y convertirse los judíos y los romanos en el momento que suceden estos prodigios vere hic homo filius Dei erat. En la tarde del Viernes Santo salen ya los judíos y los romanos todos convertidos, y con rosarios; pero en cambio algunos nazarenos empiezan a dudar de la Divinidad de Cristo: porque van pidiendo una bendita limosna para el entierro de Cristo; a quien Dios perdone. Y el sábado de gloria, según nos sigue contando Valera Judas lo pasa verdaderamente mal. Al otro día –continúa- cuando tocan a gloria, se disparan innumerables escopetazos y Judas paga las duras y las maduras, porque me le ahorcan, le acribillan a balazos, y por último le queman, como hicieron ahí con el regicida Merino –Valera se refiere a un suceso ocurrido dos años antes cuando el cura Merino intentó asesinar a Isabel II-: para que los frenólogos no se ocupasen en estudiar su cabeza…

Valera también hace alusión a los convites que se celebraban en las casas de los hermanos mayores de las cofradías, en cuya preparación destacaba Juana, la protagonista de Juanita la Larga, escrita cuarenta años después. Durante las fiestas de Semana santa tuvimos gran papandina y gaudeamus en casa de los hermanos mayores. Hubo vino largo, rosolí, piñonate, hojuelas con miel y pestiños en abundancia. San Pedro y Santiago el Mayor se pusieron tales, que no se podían tener en pie de borrachos.

Esperemos ser más moderados en estos días que los santos citados más arriba.

domingo, 9 de diciembre de 2007

Regocijo de toros en Doña Mencía

Ya hablamos en otra ocasión de las fiestas -no han sido muchas, todo hay que decirlo- de toros celebradas en nuestro pueblo. Pero esto de los toros viene de lejos. En el acta capitular del 25 de abril de 1650 se dice que a instancias del corregidor de la villa se disponga “para la fiesta del señor San Pedro Mártir algunos capeos”. Y como los miembros del cabildo municipal de aquellos tiempos eran tan ahorradores como los de ahora y teniendo en cuenta que si se buscaba a los potenciales capeadores fuera de la villa ello “causaría mucha costa”, sobre todo cuando para el “regocijo hay labradores en esta villa que dan algunos capeos” –siempre ha habido jóvenes atrevidos en el pueblo- “y caso –continua- que en la plaza donde se librase se desgraciare alguno de ellos –que todo pude pasar- este Concejo los satisfará”. Fueron nombrados diputados de la fiesta el jurado Alonso Felipe Romero y Lucas de Vera “para que los dichos capeos los traigan a la plaza de esta villa” (la del Pradillo). En otras ocasiones, como ocurrió siete años después, y como se conserva en una hoja suelta de las actas capitulares de 1657, con motivo de una grata noticia del señor de la villa, duque de Sessa y Baena, “se hizo fiesta y regocijo” también, y este caso acompañado de “fuegos y cohetes y una procesión general en la Iglesia de María Santísima de la Concepción con su máscara”. Ya hablaremos aquí de algunos aspectos interesantes de las fiestas del pasado en nuestro pueblo.

sábado, 6 de octubre de 2007

Mayordomos para las fiestas del pueblo


AHMDM. 1731. Actas Capitulares
Cargado originalmente por ahmdm01
Texto del acta del Cabildo del Ayuntamiento de Doña Mencía de 1 de mayo de 1731 por el que se nombran los mayordomos encargados de organizar las fiestas del pueblo. La de Jesús recae en un miembro de la familia Valera, Don Pedro Joseph Valera Roldán y la de San Pedro se le encarga a otro miembro del cabildo, al jurado Don Juan Jazinto Mansilla. En las actas capitulares del Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía se conservan numerosos documentos tan interesantes como el que podéis ver en la imagen y cuyo texto transcribimos:

"En la villa de Doña Mencía a primer día del mes de mayo de mil sietecientos y treinta y un año los señores Concejo Justicia y Regimiento de esta villa que aquí firmaron juntos a Cavildo en las casas de ayuntamiento como lo an de uso y costumbre digeron es preciso nombrar personas de dichos capitulares para que asisten las fiestas que es de la obligación de esta dha villa a ser Nro Padre Gesús de Nazareno el dia catorze de septiembre y la del señor san Pedro Mártir el veinte y nueve de abril del que viene setez y treinta y dos y por estas razones desde luego nombraron a dhos señores Al señor Don Pedro Joseph Valera Roldan regidor para la festividad de Nro Padre Gesús y para la del señor San Pedro a Don Juan Jacinto Mansilla jurado… "
AHMDM. 1731 Actas Capitulares.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Sucedió en Doña Mencía (1830- 1897) IV

Foto cedida por G. Luque. Semana Santa en torno a 1950.

  • 31 de agosto de 1830: El Prior del Convento se queja al Ayuntamiento de que no se ha respetado la inmunidad eclesiástica por haberle repartido el impuesto de consumos.
  • 1834: Grave epidemia de cólera. Entre junio y julio de este año mueren más de 80 párvulos. En agosto el ayuntamiento plantea la necesidad de construir un nuevo cementerio y para ello se podría vender el solar que ha servido de hospital para recoger a los pobres transeúntes. Montañéz Lama nos cuenta que hubo que llevar a enterrar los cadáveres al sitio que llaman los Nogales por bajo del pontón donde hay un huerto.
  • 20 de abril de 1835: Se inicia el expediente para la venta de terrenos del común para la construcción de un cementerio.
  • Abril de 1854: Tras su estancia en Río de Janeiro y su paso por Lisboa, don Juan Valera se traslada desde Madrid a Doña Mencía en abril de 1854 para, entre otroas cosas, pasar unos días con su padre. En la carta que le envía a Serafín Estébanez Calderón, fechada el 19 de abril, le cuenta que ha pasado (en Doña Mencía) una Semana Santa divertidísima, y he visto a lo vivo la pasión y muerte de Jesús. Rodeaban a este buen señor, cuando iba al suplicio, más de cuarenta soldados romanos, con estandarte de mil colores, águilas y lanzas larguísimas. Detrás venían los judíos vestidos de majo, con carátulas de disformes narices, y llenas de verrugas como las de Tomé Cecial. En medio de estos judíos iba Judas, más feo y más narigudo que ellos aún; y, asimismo, iban los demás apóstoles, tristes y devotos, con sus rosarios en las manos, el bueno y el mal ladrón, y los cuatro evangelistas escribiendo en unas tablillas el evangelio… Y continúa más tarde afirmando que En fin, yo he asistido en Roma y en Sevilla a las fiestas de la Semana Santa, y hallo, con todo, que son mejores y más ejemplares las de aquí. Con fecha del 28 de abril envía otra carta a su amigo Estébanez Calderón en la que, entre otras cosas, le dice que Mañana es el día del patrón del lugar, S. Pedro Mártir de Verona, de quien, por ser la imagen de plata y pequeñuela, aunque milagrosa, dicen los devotos que es tamaño como un pepino y jace (sic) más milagros que cinco mil demonios. Cuatro carretadas de santos han querido cambiarle por nada. Cuando faltan lluvias no hay más que amenazar a S. Pedro con que se le dará un buen baño en el pilar de abajo, que es donde beben las bestias, y enseguida llueve. La última carta de esta estancia en Doña Mencía tiene fecha del 6 de octubre.
  • 1855: De nuevo el pueblo se ve afectado por una epidemia más mortífera aún que la anterior. El número global de muertos entre los meses de junio, julio, agosto y septiembre fue de 215 y cerca de la mitad de los mismos tenía menos de 10 años. El 12 de agosto un grupo de borrachos solicitó que se sacara en procesión la imagen de Jesús, lo que tras el rechazo inicial se llevó a cabo cuando las muertes disminuyeron.
  • 2 de septiembre de 1858: Don Pedro María Cubero López de Padilla es nombrado obispo de Orihuela, conocido popularmente entre nosotros como el obispo Cubero
  • 14 de abril de 1859: Muere en Madrid el marino menciano Don José María Valera y Viaña, padre del escritor don Juan Valera.
  • 1868: Se inicia el pleito entre el marqués de La Paniega, don José Freuller, y don Francisco Muñoz Reinoso por el patronazgo de la hermandad de Nuestro Padre Jesús.
  • 1874: Don Juan Valera publica “Las ilusiones del doctor Faustino”, primera de sus novelas en que la acción se desarrolla en Villabermeja (Doña Mencía).
  • 1890-1891: como efecto de las pertinaces lluvias de 1890 a 1891, se produjeron corrimientos de terrenos en las trincheras construidas para la instalación de la vía férrea en las Hazas de la Vera, la Torre y Piedra del Mez.
  • 1893: Llegada del ferrocarril.
  • 1894: a mediados de febrero es extraído un cadáver del pozo denominado Martinete.
  • 1894: Los viñedos de Doña Mencía, que formaban la principal riqueza de este reducido término municipal, también son atacados por la plaga de la filoxera. Por ello, la clase jornalera de esta población, así como la industria y el comercio y en general casi todas las clases, salvo excepciones, se encontraban en estado precario.
  • 1895: Don Juan Valera publica “Juanita la Larga”, la más mencianas de las obras de Valera y en la que nuestro pueblo se oculta bajo el nombre de Villalegre
  • 5 de noviembre de 1895: El Ayuntamiento decide cambiar el nombre de algunas calles del pueblo teniendo en cuenta que no hay causa tan noble para un pueblo culto y civilizado como la manifestación de constante admiración, cariño y respeto hacia aquellos varones ilustres que por sus grandes méritos y elevados talentos fueron y son honra de las patrias:

Antes Ahora
Barranco Prim
Sacramento Obispo Cubero
Vuelta de Sacramento Sánchez-Guerra
Pilar de Arriba Martínez Campos
Pósito Juan Valera
Nueva Baena
Arriba Alfonso XIII
Reñidero San Pedro Mártir de Verona
Tienda Cervantes
Lagartos Cristóbal Colón

  • 28 de noviembre de 1895: Sigue sin aparecer, con fecha 28 de noviembre de 1895, el agraciado con un pañuelo de Manila y un par de pendientes de oro que se rifaron hace tres años.
  • Diciembre de 1895: Tras la época de la matanza se acuerda limpiar las calles y paseos de la población que se encuentran muy sucios por las basuras del ganado de cerda.
  • 14 de febrero de 1897: bajo la presidencia de don Calixto Vargas, se llevó a cabo el sorteo de los mozos. En el Salón de Plenos se situaron dos globos, uno contenía los nombres de los mozos y otro el de los números. Dos niños menores de diez años extrajeron las bolas y Francisco Córdoba Gómez, del reemplazo de 1896 y que tenía el número 17 de alistamiento, es el primer nombre en salir.