miércoles, 25 de julio de 2007

Doña Mencía antes del incendio de la Iglesia


Vista de Doña mencía
Cargado originalmente por agomezperez7
Doña Mencía a finales de los años 20 del pasado siglo. Todavía se conserva en el castillo la torre cilíndrica, situada junto a la torre cuadrangular del Homenaje, la de la calle Llana, y, lo que es más significativo, podemos ver el conjunto de la vieja Iglesia Dominicana antes del incendio del 14 de septiembre de 1932.

Doña Mencía desde Plaza de Armas


Doña Mencía, originalmente cargada por myayom.

Vista de Doña Mencía y Zuheros al fondo desde el recinto de plaza de Armas en Nueva Carteya. Septiembre de 2006

martes, 17 de julio de 2007

Las raíces familiares de don Juan Valera (I)

Don Juan Valera y Alcalá-Galiano (1824-1905) procedía de las dos ramas familiares más significativas de la nobleza de la villa de Doña Mencía. En las casas solariegas de los Alcalá-Galiano, en la calle Vuelta de Sacramento (antiguo cuartel de la Guardia Civil y ahora sede de la Casa de la Cultura que lleva el nombre del escritor), y en la de los Valera, en la calle Llana, desde donde se divisa la torre del Homenaje del castillo de la villa, se alojaba cuando venía a Doña Mencía “donde se vive bien” y no en Paris ni en Washington, como le aconsejaba a su hermana Sofía.


Don Juan Valera, su más lejano antepasado, fue uno de los veintisiete Caballeros Hijosdalgos que acompañó al rey de Castilla y León, Alfonso XI, en las campañas de principios del siglo XIV contra los musulmanes, como consta en la executoria de hidalguía de la familia Valera que se conserva en las Actas Capitulares del año 1702 del Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía. La prueba de la hidalguía de la familia Galiano se conserva en las actas del año 1711.


El primer miembro de la familia Valera que se asentó definitivamente en Doña Mencía, ya a finales del siglo XVI, sería don Juan Valera Roldán, natural de Luque, y casado con María López, de Doña Mencía. En el libro de bautismos del Archivo Parroquial de la localidad encontramos, a partir de 1574, los nombres de sus hijos, Antón, Juan, María, Damiana y Francisco.


Desde mediados del siglo XVII las referencias a las familias Valera, Alcalá, Galiano y Roldán son frecuentes en las actas del Cabildo al ocupar los cargos municipales más importantes. Así, en el acta de 4 de junio de 1649 -ver la imagen de arriba- se indica que don Juan Valera Roldán es el encargado de hacer “con sus armas de fuego” la ronda del lunes por la noche para hacer la “custodia y guarda de la villa” y evitar que el contagio llegue a la villa de Doña Mencía. Pocos años después, en 1654, sería recibido como regidor del Cabildo y también en ese mismo año don Antonio Galiano y Lastres recibiría las llaves del castillo para convertirse en Alcalde del Castillo y Fortaleza de la villa.

El apellido Alcalá aparece unido al de Galiano desde mediados del siglo XVII. Así, en los libros de Cabildo de 1660 el puesto de teniente de Alcalde, y más tarde también Juez ordinario, está ocupado por don Joan de Alcalá Galiano y a principios del siglo XVIII, en febrero de 1704, se inicia una causa contra don Francisco Alcalá Galiano por tener dos alambiques ilegales.

Tanto los Valera como los Alcalá y los Galiano ocuparían una posición económica con cierto desahogo, que se haría patente en momentos puntuales. Así, los toros que se lidiaron en Cabra en 1675 eran de don Juan Valera Roldán, vecino de Doña Mencía, y en 1709, ante la carestía de trigo en el pueblo, se acude en ayuda de uno de los dos vecinos que poseían trigo en su casa, el licenciado don Pedro Valera Roldán, comisario del Santo Oficio de la Inquisición, del que hablaremos más tarde.

Tres de los cuatro hidalgos que había en Doña Mencía a principios del siglo XVIII, cuando la población de la villa estaba en torno a los 500 vecinos, pertenecían a la familia Valera -don Juan Balera Roldán, alférez Mayor; don Juan Isidro Balera Roldán y don Antonio Balera Roldán- y el otro era de la rama de los Galiano, don Miguel Francisco Galiano Bar Nuevo. Sólo uno de ellos, don Juan Isidro Balera Roldán, acudirá a la llamada militar, pretextando los demás diversos motivos. Así, don Juan Valera Roldán, Alférez Mayor, se excusará afirmando “...hallarse con más de cinquentta y quattro años y con la falta de bista del ojo derecho además de padecer la enfermedad continua de la gota que por los tiempos lo ponen en estado de no poderse menear... y don Miguel Francisco Galiano Bar Nuevo apuntará “...hallarse con muy cortos medios y ser manco del brazo derecho...”.

Los cuatros pertenecían al estrato más bajo de la nobleza que en las villas pequeñas ocuparía cargos municipales de cierta relevancia que les reportarían algunos ingresos para mantener su prestigio social. Así, el cargo de Alguacil Mayor -ver el acta de cabildo del 4 de marzo de 1737 en que se recibe a don Pedro Joseph Valera Roldán como alguacil mayor de la villa- siempre estuvo en manos de un miembro de la familia Valera en la segunda mitad del siglo XVIII y un miembro de la familia Alcalá-Galiano, será siempre el Alcalde del Castillo y Fortaleza de Doña Mencía, un cargo más honorífico que otra cosa, y en ocasiones excepcionales, como en agosto de 1776, también será teniente de corregidor. Con frecuencia, miembros de estas dos familias son nombrados familiares -ver el acta del 17 de abril de 1769 en la que se recibe como alguacil mayor y familiar del Santo Oficio a don Jazinto Roldán Valera Galiano- o comisarios del santo Oficio, lo que demuestra su pureza de sangre –que en algún momento fue cuestionada –y en numerosas ocasiones también aparecen como mayordomos mayores encargados de organizar las fiestas de san Pedro Mártir de Verona o de Jesús Nazareno -ver el acta del 1 de mayo de 1731 en la que don Pedro Joseph Valera Roldán es nombrado mayordomo para la fiesta de Jesús-. En ocasiones, ambas familias controlaban casi en su totalidad los cargos del Cabildo de la villa de Doña Mencía, como consta en el acta capitular de 24 de abril de 1728, en la que se trató sobre el reconocimiento de la hidalguía de don Juan Joseph Roldán Galiano, y en la que el alcalde y juez ordinario era don Juan de Alcalá Galiano Flores y Calderón, don Juan Isidro Valera Roldán, el alguacil mayor, y don Diego Alfonso Valera Roldán y don Pedro Joseph Valera Roldán regidores.


Texto:

Real Declaratoria – Don Felipe, por la Gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Aragón, de las Dos Sicilias, de Jerusalén, de Navarra, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, etc., etc., por cuanto por parte de vos Don Juan de Valera Roldán, Alférez mayor de la villa de Doña Mencía, se me ha representado, sois hijo legítimo de Don Juan de Valera Roldán y de Doña María Rubio su mujer, nieto de Salbador Valera y de María Roldán, bisnieto de Juan Valera y de María López, vecinos que fueron de dicha villa de Doña Mencía y natural el dicho Juan Valera de la de Luque, terceros nietos de Marcos Valera y de Francis María, vecinos que fueron de dicha villa de Luque, y que así ellos como sus antepasados son descendientes legítimos de Juan Valera, uno de los veintisiete Caballeros Hijosdalgo de sangre que vinieron de las Montañas de León a servir al Señor Rey Don Alfonso el Onzeno, y en las conquistas que hicieron ganaron diferentes pueblos y castillos, ....” Barcelona, 18 de noviembre de 1701. Copia conservada en las Actas Capitulares, 17 de enero de 1702, del AHMDM.

sábado, 14 de julio de 2007

Trauma y memoria de la Guerra Civil, de José María Ruiz Vargas


Trauma y memoria de la Guerra Civil y la dictadura franquista, es el título de un magnífico y extenso artículo publicado por nuestro paisano José María Ruiz Vargas en la revista electrónica Hispania Nova Rediris, que dedicó su número 6 a la elaboración de un completo dossier sobre Generaciones y Memoria de la represión franquista: un balance de los movimientos por la memoria. El primer capitulo está dedicado a la Historia y memoria de la represión del régimen de Franco y en el mismo escriben prestigiosos historiadores como Francisco Espinosa y otros. En este primer capítulo se incluye el artículo de José María Ruiz Vargas, cuya presentación para los mencianos es obvia. José María es, en la actualidad, Catedrático de Psicología de la Memoria en la Universidad Autónoma de Madrid y, sin temor a exagerar, es uno de los más importantes expertos internacionales en Psicología de la Memoria. Su preocupación por impulsar la vitalidad cultural de Doña Mencía se ha puesto de manifiesto en las jornadas anuales de Psicología que organiza en Doña Mencía en colaboración con el área de Cultura de Doña Mencía. Ha publicado numerosos libros y sobre la memoria y es continuamente reclamado en distintos foros internacionales para hablar de los mecanismos de funcionamiento de la memoria. En el artículo, cuyo enlace adjuntamos, interesante por muchos motivos, José María incluye testimonios de gentes de Doña Mencía que sufrieron los horrores de la represión franquista, por lo que recomendamos su lectura.

De truhanes, siquitraques, ...


"De truhanes, siquitraques, barruntafríos y facinerosos" es el título del libro presentado en la Casa de la Cultura de Doña Mencía el 25 de noviembre de 2006, y cuyos autores son: Antonio Gómez Pérez (texto) y Carmelo López de Arce Ballesteros (ilustraciones). El prólogo es del ex-fiscal de la Audiencia de Córdoba, José Paniagua Gil. El libro no es, como se dice en la introducción del mismo, otra cosa que la recopilación de las historias sacadas del Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía y contenidas en los numerosos expedientes y sumarios criminales que en él se guardan, correspondientes a los finales del siglo XVII hasta comienzos del XIX. Gracias a los dibujos de Carmelo podremos adentrarnos mejor en el ambiente de esa Doña Mencía del pasado en la que las chispas saltaban con demasiada frecuencia entre los vecinos del pueblo en los momentos de fiesta o, también, en el que los pequeños hurtos hacían patente la escasez y carestía que azotaba a una gran parte de la población de la villa. Pero no faltan las muertes violentas y tampoco las fricciones cuando en las coplillas, que corrían por las calles del pueblo, se atentaba contra el honor de la familia, simbolizado, casi siempre, en la mujer. Además, a través de estas historias de los más humildes, en las mayoría de los casos, conocemos mejro, no sólo la mentalidad y costumbres de una época, sino que también podemos pasearnos por las callejuelas, plazas y rincones de la Doña Mencía de hace 300 años y por los parajes del término.
Os ofrecemos en este blog tanto el acceso al libro, que podéis consultar pinchando aquí o en el enlace que adjuntamos, como una presentación a las imágenes y documentos del libro.

jueves, 12 de julio de 2007

Otras asociaciones políticas de principios del siglo XX (XII)

La agrupación socialista de Doña Mencía
Sólo conservamos el borrador de su reglamento que sería enviado al Gobierno civil con fecha 22 de abril de 1912. No hay por tanto listas de asociados ni peticiones de reuniones o manifestaciones de la agrupación socialista menciana y, por lo tanto, no podemos hacernos una idea clara del número de simpatizantes o seguidores. El reglamento es breve y ya en el artículo 1º se expresa que el objeto del nacimiento de dicha agrupación es el de defender y propagar las ideas socialistas. Y para formar parte de la misma es obligatorio “estar conforme con el programa del Partido Socialista Obrero” (Art.3º). En otros artículos se expresan las condiciones para formar parte de la misma y se establece (Art. 8º) que la cuota mensual es de 50 céntimos, excepto parados y ausentes, aunque también se permite abonar una cantidad mayor a los que tienen una situación más desahogada.

Podrán ser expulsados de la asociación (Art. 10º) los que viertan públicamente ideas contrarias a los principios del Partido; los que falten a la solidaridad obrera o los que obedeciendo a un fin calumnioso, acusen a otro afiliado. En otros artículos, como en toda asociación, se establece la temporalización de las reuniones ordinarias, la composición de la junta directiva y sus funciones y poco más. Como podemos ver, no es mucho lo que sabemos de esta asociación. En las elecciones municipales de noviembre de 1911 la candidatura socialista obtuvo sólo 9 votos en el distrito electoral Primero y ningún voto en el Segundo. No tendría, por tanto, mucha implantación y, quizá, como señala Díaz del Moral, muchas de estas asociaciones socialistas surgirían con escasa base entre un proletariado agrícola donde las ideas libertarias tenían un mayor eco.

En un borrador de 1913 se señala que los únicos círculos o sociedades existentes en Doña Mencía son:

  • El Circulo de Labradores, domiciliado en la Plaza Mayor, 34, cuya finalidad es la expansión y recreo, que contaba con 83 socios. Había nacido el 26 de enero de 1909, su presidente era Francisco Contreras Vargas y el secretario Fernando Contreras Muñoz. Del Casino de Doña Mencía ya hablamos en el capitulo IV de este trabajo.
  • La Unión benéfica de obreros, domiciliada en la calle Obispo Cubero 4, está dedicada al socorro de sus socios enfermos, cuenta con 82 socios y nació el 22 de marzo de 1911. Su presidente es Manuel Sánchez González y su secretario Francisco Gómez Fernández. No conservamos ninguna documentación de esta asociación en el Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía.
  • Y en tercer lugar estaba el Centro Obrero de Mutuo Auxilio, del que vamos a hablar con mayor extensión ya que disponemos de su reglamento y lista de socios, además de su tampón correspondiente. En el mismo se puede ver un triángulo plomada, símbolo de la masonería, con dos manos que se chocan y todo ello enmarcado con un dibujo sogueado.

El reglamento está escrito a mano, pero con suma limpieza y una gran calidad caligráfica, como es corriente en este tipo de documentos. En el artículo introductorio –Único- se señala que esta sociedad “se propone realizar la asociación de todos los obreros que pretendan el mejoramiento de clase tanto moral como material por medio del mutuo auxilio, a cuyo objeto establecer un centro que tenga por fin único el mutuo socorro, enseñanza mutua, a fin de dignificar la clase trabajadora...” Otra vez la referencia a la instrucción como medio de elevar a la clase trabajadora.

Pueden pertenecer a dicha sociedad todos aquellos que, teniendo más de 17 años, vivan de la eventualidad de su trabajo (Art.1º). La cuota mensual que se fija es de 25 céntimos y en otros apartados se habla del gobierno de la sociedad, de las elecciones, de la junta directiva y del tesorero, estableciendo las funciones de cada uno, pero sin señalar otros aspectos de interés para conocer mejor los objetivos y los fines políticos de dicha asociación. En dicho reglamento, presentado ante el Gobierno Civil, el 14 de junio de 1913, figura como presidente Vicente Tapia Jiménez y Claudio Cejudo, otra vez un miembro de la familia Cejudo, como secretario.

La primera lista de socios es de agosto de 1913 y el número total de los mismos es de 130. La aplastante mayoría está constituida por jornaleros, pero también aparecen dos zapateros, el secretario aludido Claudio Cejudo Montes –calle Médico 4- y Esteban Ruiz Moreno –calle Jaén 32-; un cantero, José Cubero León –Colón 34- que es también secretario segundo; un herrero, Antonio Moreno Autelo –Paseo 1-; un barbero, el hermano de Claudio Cejudo, Esteban Cejudo Montes que viven en la misma calle Médico 4- y un industrial, Santiago Priego Jiménez que vive en la calle Jaén 26.

En esta primera lista de socios figura también la Junta Directiva que es la siguiente: PRESIDENTE: Vicente Tapia Jiménez, Arriba 66 y de profesión jornalero; VICEPRESIDENTE: Baldomero Polo Gómez, Granada 60, jornalero; SECRETARIO: Claudio Cejudo Montes, Médico 4, zapatero; SECRETARIO 2º: José Cubero León, Colón 37, cantero; TESORERO: Juan Cubero Jurado, Arriba 64, jornalero; VOCALES: Daniel Luna Jiménez, Pilar de Arriba 16, jornalero; Eusebio Baena Bujalance, Barranco 18, jornalero; Sevastián León Alcalá, Sacramento 11, jornalero y Juan Roca Jiménez, Heras 4, jornalero.

En otra lista de socios, posterior a esta que comentamos, aunque del mismo año, pues está fechada el 26 de noviembre de 1913, el número de socios ha disminuido y es ahora de 116 y no se expresan los nombres de la Junta Directiva de la Asociación. Poco sabemos de esta asociación obrera, pero de nuevo queda de manifiesto la inquietud de un sector de la sociedad menciana, la más desfavorecida, que confía en las posibilidades de la unión de sus miembros para conseguir mejorar su situación material y moral, como se expresa reiteradamente en esta Unión Obrera del Mutuo Auxilio, aunque para las autoridades municipales la situación de los obreros mencianos era claramente mejor que la del resto, pues con fecha 31 de agosto de 1914 se lee una carta del Gobierno inserta en el Boletín Oficial de la provincia del día 24 por la que se trata de remediar la crisis por la que atraviesa el proletariado de España y se expresa que en Doña Mencía no se deja notar esa crisis y ni siquiera se nota la falta de trabajo de la clase obrera. [1]

Fantasía o realidad, ¿o es que cada uno veía la realidad con ópticas distintas? Las lluvias vinieron a tiempo y la falta de jornales no se notó en el año 1914, el mismo en que comenzaría la triste y horrible Gran Guerra de 1914-18, y la crisis no nos afectaba. Sin comentarios.

[1] AHMDM. Actas Capitulares. 1914.

miércoles, 11 de julio de 2007

Buenos resultados de los republicanos en las elecciones de 1911 (XI)


1911 fue un año significativo entre los republicanos mencianos, pues en las elecciones municipales de noviembre de ese mismo año consiguen unos buenos resultados. Acisclo Cejudo Gómez y Francisco Güeto Vargas consiguieron 134 votos cada uno en el distrito primero, ocupando el tercer y cuarto puesto, y Manuel Priego Muñoz, Cristóbal Montes Priego y Salvador Cubero Jiménez 296 votos cada uno en el distrito segundo, ocupando el tercero, el cuarto y el quinto puesto respectivamente. En el distrito primero se elegían sólo tres concejales y una vez hecho el sorteo salió elegido Acisclo Cejudo Gómez y en el segundo el elegido fue Manuel Priego Muñoz. Todos, excepto, Cristóbal Montes Priego, pertenecían a la Junta Directiva de la “Juventud Obrera Republicana”, como veremos más abajo. En aquellas mismas elecciones aparece una Candidatura Socialista, sin nombre, que alcanzó sólo 9 votos.

También conservamos dos solicitudes de la agrupación republicana para celebrar actos de propaganda electoral. La primera solicitud está firmada por uno de los electores, Francisco Güeto Vargas -con fecha del 28 de octubre de 1911- y pide autorización para celebrar un acto público en el local de la casa de la calle Torres número 7 para el día 30 a las dos de la tarde. La otra solicitud -fechada el 10 de noviembre- está firmada por otro de los electores republicanos pero del distrito segundo, Cristóbal Montes Priego, y en ella pide celebrar otro acto en la misma sede el día 11 a las cuatro de la tarde. Se le autoriza el acto, pero en la providencia del alcalde se le previene que “las injurias e insultos que pudieran proferir los oradores contra personalidades o entidades..., así como las excitaciones a promover disturbios en el cuerpo electoral, ... serán imputables al solicitante”. Había que andarse con cuidado en lo que se decía en la tribuna política.

Los jornaleros eran mayoría entre los republicanos mencianos

Conservamos dos relaciones nominales de los socios de la “Juventud Obrera Republicana”. En la primera, que corresponde al 4 de septiembre de 1912, figuran 314 socios y sólo aparece el nombre y los dos apellidos de los asociados. En la segunda, que corresponde a dos meses después, el número de socios es ahora de 228 y se señala no sólo el nombre y los dos apellidos sino también el domicilio y la profesión de los mismos. Destaca, lógicamente, la aplastante mayoría de jornaleros (207), y también aparecen en la lista 2 barberos (de la familia Cejudo), 3 comerciantes (2 de la familia Güeto y Salvador Cubero Jiménez), 1 confitero (Agustín Segura Morales), 1 industrial, 4 zapateros, 2 horneros, 1 albañil, 2 odreros (los hermanos Guillermo y Andrés Carabaño Alcobendas), 1 cantero y 1 posadero. Pero de entre los 10 miembros de la Junta Directiva, que ahora veremos con más detalle, sólo hay 3 jornaleros y los puestos principales están ocupados por gentes que podrían encuadrarse en lo que podría llamarse la clase media menciana. A continuación adjuntamos la relación completa de los componentes de la Junta Directiva de la Juventud Obrera Republicana de Doña Mencía (con fecha del cinco de septiembre de 1912) en la que consta el nombre y dlos dos apellidos, su domicilio y su profesión: presidente, Acisclo Cejudo Gómez (calle, Médico, 4, barbero); vicepresidente, Gabriel Güeto Roldán (calle, Colón, 2 comercio); secretario, Agustín Segura Morales (calle Barranco, confitero); tesorero, Francisco Güeto Vargas (calle Bendición, comercio); vocal, Salvador Cubero Jiménez (Plazuela, 14, comercio); vocal, Manuel Priego Muñoz (calle, Jaén, 26, industrial); vocal, Tomás Gómez Aceituno (calle vuelta del Sacramento 12, jornalero); vocal, Gerardo Tapia Jiménez (calle Arriba, 64, jornalero); vocal, Julián Vargas Sequeiro (calle Baena, 14, jornalero) y vocal, Francisco Buitrago Gómez (calle, Heras, 15 zapatero).

En 1911 los republicanos y socialistas se sintieron más fuertes y unidos contra la derecha. El 6 de marzo nació Juventud Obrera Republicana, de la que hablamos en el número anterior, y poco después, en abril del mismo año, surge la Agrupación Socialista de Doña Mencía. Según Díaz del Moral, quien ironiza sobre el origen de algunas de estas primeras agrupaciones socialistas, "las masas campesinas desconocían en absoluto el ideario marxista; las propagandas que hasta ellas habían llegado eran netamente libertarias; del socialismo no sabían más que el nombre. Pero como era preciso vestir el traje de moda,..."[1]. También en Doña Mencía surgirá un foco socialista en al año 1911 del que sabemos muy poco.

Corrían malos tiempos en nuestro pueblo. A primeros de marzo del año 1912, el alcalde y presidente de la corporación, Francisco Campos Navas, se refiere a los "destrozos que en esta villa y su término habían causado los fuertes temporales y torrenciales -casi los mismos términos que aparecen en las actas de dos siglos atrás- del presente mes y el anterior... lo que provocó el paro casi general de la clase obrera y sumió en la miseria a muchos pobres por falta de trabajo. (2)

Las medidas que se toman para paliar los efectos del desastre fueron tres y ninguna de ellas fue realmente efectiva. Por un lado se debían aportar socorros por parte de cada uno de los individuos que componen la corporación; además a la vez, por todos y cada uno, se exciten los sentimientos caritativos y filantrópicos de las personas más acomodadas para que acudan en auxilio de los damnificados. Otra vez la caridad y la filantropía como soluciones ante una realidad social absolutamente injusta. Y la tercera medida consistiría en que el alcalde acudiera a Córdoba, a la capital de la provincia, para obtener alguna cantidad de las 25.000 pesetas concedidas. Desgraciadamente sólo pudo traer al pueblo 250.

En julio de ese mismo año el ayuntamiento también pone en marcha algunas mejoras en el sistema de alumbrado público y se acuerda sustituir las 50 lámparas de filamento carbón de 10 bujías existentes por otras tantas de 16 bujías y las 23 de 8 por igual número de 10 bujías todas de filamento metálico con lo que se obtendría un aumento de intensidad luminaria de 330 bujías. No salen los números en el cálculo de aumento de bujías, pero la intensidad luminaria creció, sin lugar a dudas.

Pero no habían cambiado mucho los tiempos respecto al pasado. En Doña Mencía se había entrado en el siglo XX, pero la pervivencia de las amenazas del pasado todavía pendía sobre nuestro pequeño pueblo. El verano, en aquella época, no era la estación festiva y alegre con la que es identificada en nuestra actual sociedad del bienestar y los problemas con la potabilidad del agua o con las infecciones que producían los estercoleros próximos al pueblo creaban continuos quebraderos a las autoridades. Así en el acta del Ayuntamiento del 10 de julio de 1911, se ordena retirar los estercoleros y demás inmundicias a una distancia mínima de 500 metros de la población cubriéndolos convenientemente para que no se produzcan las miasmas. Asimismo, que se retiren los cerdos cuya entrada en la población se prohibirá terminantemente.

Además se decide analizar las aguas potables y que el Ayuntamiento adquiera los modestos medios de desinfección para que en el caso de que desgraciadamente ocurra la invasión se habilite provisionalmente el local existente en el extremo norte de la población al sitio del Paseo de la Iglesia como el más adecuado para el aislamiento de los primeros enfermos. En las pestes del siglo XVII se habilitaba el patio del castillo para aislar a los contagiados y ahora es el Paseo de la Iglesia, del que nos quedan, desgraciadamente, pocas huellas del pasado.

Y desde finales del siglo pasado a través del ferrocarril empiezan a llegarnos las novedades. Se conservan en las actas capitulares referencias de los productos que arribaban a la estación y a finales de enero de 1911 nos llega la primera bicicleta. Y también se recibían garrafas, vino, café, sosa y drogas, productos de ferretería, azúcar y chacinas.[3]


[1] Díaz del Moral, J. Op. Cit. Pág. 227.

[2] AHMDM. Actas Capitulares, 1911-12.

[3] Relación de expedientes recibidos en la estación de Doña Mencía con fecha 7 de julio de 1913.

Desventuras de la Juventud Obrera Republicana (X)



La educación al alcance de todos

Pero lo más sobresaliente del reglamento es lo que se refiere a los fines de la sociedad (desde los artículos 23 al 29) que, entre otros, son: “Hacer la propaganda del ideal republicano por todos los medios legales”; en la enseñanza el Presidente “invitará a personas competentes a que desempeñen alguna cátedra y cuando el estado económico de la sociedad lo permita, se establecerán cátedras retribuidas”. Además, “todos los socios pueden pronunciar conferencias y presentar memorias” y “la Sociedad podrá organizar veladas fiestas o reuniones políticas, científicas o literarias” y en lo que se refiere a la biblioteca “todos los meses se destinará... una cantidad tan crecida como sea posible para la adquisición de libros y un gabinete científico” y ésta “estará permanentemente abierta a los socios”.

También se establecerá “aquella clase de recreos y esparcimientos que no sean contrarios a las leyes y la moral” y además “se destinará una cantidad mensual para socorrer con ella a los socios faltos de recursos”. Como vemos, una larga lista de objetivos que reflejan las ideas regeneracionistas de aquella España que pensaba salir del atraso a través de la educación al alcance de todos.

La manifestación del 7 de mayo de 1911

Pero la “Juventud Obrera Republicana” de Doña Mencía mostrará gran activismo desde el principio de su creación y el 5 de mayo de 1911 el vicepresidente de la sociedad, Manuel Priego Muñoz, presenta ante la alcaldía una solicitud para que se le autorice llevar a cabo “una manifestación pacífica”[1] que se celebraría el domingo día 7 a las diez de la mañana “para pedir a los poderes constituidos la supresión del impuesto de consumos, instauración del servicio militar obligatorio, la revisión del proceso Ferrer y otros... En dicha manifestación figurará la bandera del partido y se organizará en la puerta del Centro Republicano siguiendo por la calle del Pósito y continuando por todas las calles de la carrera hasta llegar al sitio llamado “Las cuatro esquinas” siguiendo por la de Colón hasta la calle de Jaén, bajando por ésta y Martínez Campos hasta el Centro Republicano donde se disolverá después de entregar a la autoridad las conclusiones definitivas”.

El alcalde, Francisco Campos, concedió el permiso correspondiente “siempre que no se entorpezca el libre tránsito, se guarde el orden debido y que no se produzcan escándalos ni molestias de ningún género”. Y así fue, y al final de la misma, como se expresaba en la solicitud, se entregó a la alcaldía un documento con las conclusiones de los manifestantes en las que se decía lo siguiente:

“1. La supresión total del impuesto de consumos; 2.Apartamiento de toda política de aventuras belicosas en África; 3.Revisión de los procesos seguidos contra Baró Clemente García Hoyos Ferrer y Malet; 4.El indulto de nuestros compañeros Manuel Baena Montes y Antonio Padillo Bravo condenados por delitos políticos; 5. Implantación del servicio militar obligatorio; 6.Transformación de la Hacienda Nacional en forma que los impuestos se asiente sobre bases firmes y equitativas y los gastos se apliquen a satisfacer necesidades del país.

Dios guarde a V. Muchos años.

Doña Mencía a siete de mayo de 1911. La Comisión:

Manuel Priego, Francisco Güeto, Manuel Montes y Acisclo Cejudo”.

Gira en la finca del Martinete

Para el mismo día y después de celebrada la manifestación, a eso de las tres de la tarde, Manuel Güeto Roldán, en representación de la Agrupación Republicana de Doña Mencía, solicita se le conceda permiso para hacer “una gira al campo al sitio llamado El Martinete –en una finca de la familia Güeto situada cerca del paraje del Tocón- de este término... llevando la bandera del partido, disolviéndose a su regreso a la puerta del Centro Republicano”. El permiso se le concede, pero se le avisa para que se abstenga de hacer manifestación alguna.[2]

El nivel de inquietud política en la Doña Mencía de aquella época resulta sorprendente desde nuestra óptica actual y siempre encontramos un grupo de individuos conscientes de lo que se jugaban en una España socialmente desigual y donde había que luchar fuerte para mejorar las condiciones de los más humildes. Y sobre todo había que acabar con un sistema fiscal enormemente regresivo y un servicio militar injusto e impopular.

Estos fueron algunos de los objetivos fundamentales que impulsaron la acción política del gobierno de José Canalejas quien, representando al ala más radical del partido liberal y en el breve plazo de tiempo que ocupó el poder –ya que fue asesinado por el anarquista Pardinas a principios de noviembre de 1912 cuando observaba una librería de la Puerta del Sol de Madrid- puso en marcha una serie de reformas, entre las que sobresale la sustitución del impuesto de consumos –enormemente impopular e injusto- por otro más progresivo que gravaba las rentas más altas; la reforma de la Ley de Reclutamiento que sería obligatorio en tiempo de guerra, pues hasta entonces los hijos de las familias más adineradas lograban evitar entrar a filas, abonando la cuota de exención o pagando a un sustituto, y sólo los pobres eran carne de cañón; y también durante su mandato se discutió en el parlamento sobre el juicio de Ferrer i Guardia y la falta de garantías con que se hizo el juicio en que fue condenado.

Precisamente en el debate celebrado en el Congreso de Diputados sobre Ferrer tendrá un gran protagonismo el diputado antimonárquico Rodrigo Soriano que visitará Doña Mencía en febrero de 1914 y con dicho motivo los republicanos mencianos organizarán una manifestación en su honor.[3]


[1] Petición a la alcaldía para celebrar una manifestación de Manuel Priego Muñoz, presentada el 6 de mayo de 1911. R.5459. AHMDM.

[2] Solicitud presentada por Manuel Güeto Roldán. R.5460 AHMDM

[3] Petición de manifestación ante la alcaldía presentada por Salvador Cubero Gimenez, comerciante y domiciliado en la Plazuela de la Cruz,14. La manifestación se celebraría el 23 de febrero de 1914 a las tres de la tarde con objeto de recibir a Don Rodrigo Soriano y sus acompañantes y partirá del domicilio del solicitante, continuando por la Plaza Mayor, calle Prim, Eras, Baena hasta la carretera de Cabra y regresando por el mismo itinerario. R. 6281. AHMDM.

Juventud Obrera Republicana (IX)



En octubre de 1909 cae el gobierno conservador de Antonio Maura arrastrado por las consecuencias de la Semana Trágica de Barcelona. Allí se sucedieron las protestas y movilizaciones contra el embarque de un grupo de reservistas hacia la guerra de Marruecos y muchos conventos de la ciudad condal fueron incendiados. La represión fue brutal y fueron arrestadas más de mil personas y hubo 17 condenas a muerte, aunque sólo fueron ejecutadas cinco. Pero sobre todo la ejecución del pedagogo Francisco Ferrer i Guardia levantó oleadas de indignación en España y fuera de nuestro país. El gobierno de Maura y sus reformas se vinieron abajo y en el mes de febrero de 1910 el liberal José Canalejas es nombrado presidente del Gobierno. La Semana Trágica de Barcelona fue el segundo gran mazazo que recibía el sistema de la Restauración y el republicanismo tomaba fuerza de nuevo.

Doña Mencía, como casi toda la provincia de Córdoba, también se ve sacudida por la oleada republicana y, como nos dice Diaz del Moral,[1] la esperanza creó otra vez el corazón de los desalentados por anteriores derrotas. En nuestro pueblo nace a principios de 1911 una nueva asociación política “Juventud Obrera Republicana” y los nombres de Acisclo Cejudo Montes, Julián Vargas Sequeira, los miembros de la familia Güeto (Gabriel Güeto Roldán y Francisco Güeto Vargas), Gerardo Tapia Jiménez y otros que habían tenido gran protagonismo en los grupos políticos de la izquierda menciana desde principios de siglo, también ocuparán los puestos claves de esta nueva asociación.

Se conserva el tampón de la misma y en ella podemos ver, además de la leyenda correspondiente en el círculo exterior, un grupo de 4 banderas formando un pequeño estandarte y en el centro simétrico de las mismas sobresale de nuevo el gorro frigio, símbolo típico del republicanismo heredado de Francia.

La sociedad se propone la asociación de todas las repúblicas

El reglamento de la “Juventud Obrera Republicana” de Doña Mencía se terminó de elaborar el 18 de febrero de 1911 y fue presentado ante el gobierno civil a principios de marzo. Es breve y, como siempre, está escrito con una magnífica caligrafía. En el artículo único, a modo de preámbulo, se expresa que la sociedad se “propone realizar la asociación de todas las repúblicas con el objeto de crear un círculo, estableciendo en él Cátedras, biblioteca, recreos, conferencias, veladas y estimulando la unión por medio del mutuo auxilio”. La instrucción y la fraternidad aparecen como los valores más señalados de un sector del republicanismo español. Además, se indica que el domicilio social estará en el piso principal de la casa número 2 de la calle Vuelta del Sacramento.

En el artículo primero se señala que podrán pertenecer a la sociedad “los individuos que profesando ideas republicanas sean mayores de diez y seis años” y en resto del documento se indica, entre otras cosas, que la cuota mensual será de 25 céntimos y, en todo caso, la Junta Directiva dispensará el pago al que “justifique su pobreza”.


[1] DIAZ DEL MORAL, J. Op.cit. pág. 226

La “Unión obrera” de de 1905 (VIII)



Otra asociación de la que se envía certificación al Gobierno Civil es la “Unión obrera” de Doña Mencía y en la misma se indica que su reglamento fue presentado el 19 de septiembre de 1905 y que la sociedad se constituyó el 17 de diciembre de ese mismo año. Su domicilio, en aquellos momentos –en 1907-, estaba en la calle Hospital –pero en un principio su sede estaba en la calle Abajo, número 18- y el número de socios era de 93. Pero analicemos la documentación que se conserva de esta asociación obrera menciana.[1]

En su reglamento se expresa que dicha sociedad tiene por objeto “mejorar moral y materialmente los intereses de sus asociados para la mutua defensa, empleando para ello los medios legítimos que estén a su alcance” y para ello, y “cuando sus medios económicos se lo permitan establecerá... clases de instrucción primaria que estará basada en el principio de libertad de conciencia”. La idea de la ignorancia y del analfabetismo como causa fundamental del atraso material es permanente en estas sociedades obreras de principios de siglo. Pero la instrucción debe completarse con un buen empleo del tiempo de ocio y por ello “para la distracción de los socios y sus familias se autorizan... los conciertos, bailes y juegos lícitos”. Hay demasiada semejanza entre su reglamento y el del Casino Republicano anterior, lo que no debe sorprendernos, ya que el modelo elegido sería el mismo. También se perdía la cualidad de ser socio por embriaguez o “por faltar de palabra u obra dentro del local” y el local “podrá estar abierto durante la noche, mientras haya más de seis socios”, artículo que ya fue bastante polémico en la pugna entre la alcaldía y el Casino de la calle Arriba.

En la primera relación de socios que se conserva, fechada en octubre de 1905, el número de asociados era de 310 y sólo figura el nombre y apellidos de los mismos, pero no se indica ni la profesión ni el domicilio. Dos años después, en el mes de julio de 1907, la Unión Obrera de Doña Mencía estaba formada por 114 miembros.

Primera junta directiva de la “Unión Obrera”. Septiembre 1905.

Presidente

Mariano Recio Priego

Vicepresidente

Pablo Luna Caballero

Tesorero

José Polo Cantero

Secretario 1º

Manuel Montes Priego

Secretario 2º

Manuel Aceituno Ruano

Vocal

Juan Mata Jiménez Luna

Vocal

Francisco Recio Moreno

Vocal

Francisco Jurado Blanco

Vocal

Juan Mata Luna Caballero

Vocal

Gerardo Tapia Jiménez


[1] Copia del Reglamento de la Sociedad "Unión Obrera" de Doña Mencía. R-5455. AHMDM.

“El Fomento del Trabajo” y el Casino Nuevo (VII)

Con fecha del 12 de septiembre de 1907 llega al Ayuntamiento una comunicación del Gobierno Civil por la que se exige encarecidamente que se remita a Córdoba una relación de las sociedades existentes en el pueblo, de cualquier clase que sean. En aquel momento existían en Doña Mencía tres sociedades: “El Fomento del Trabajo”, el “Casino Nuevo” (el casino de siempre de la plaza Mayor) y la “Unión Obrera”. No conservamos información suficiente del Casino Nuevo, pero si podemos hablar algo más de las otras dos.

Respecto a El Fomento del Trabajo se conserva la certificación exigida por el Gobierno Civil y su reglamento. El secretario de “El Fomento del Trabajo” y de “El Casino Nuevo” era la misma persona, Fernando Contreras Muñoz y nos dice de la primera que su reglamento fue presentado con fecha 16 de octubre de 1905 y que la sociedad se constituyó el 29 del mismo mes, que su sede está en la calle Hospital, números 3 y 5, y que el número de socios es de 70 patronos y 98 obreros.[1] Ya podemos hacernos una idea, por tanto, de las características de esta sociedad que pretendía ser interclasista, algo muy difícil en los tiempos que corrían, y que cuando veamos algunas normas de su reglamento podremos comprender mejor sus objetivos. En su tampón, que si se conserva, aparece la leyenda con su nombre y una pala y un pico cruzados en aspas. La primera junta directiva (16 de septiembre de 1907) de dicha sociedad estaba constituida por los siguientes individuos: Presidente, Rafael de Sotomayor Vargas; Vicepresidente, Juan Arrebola Lastres; Tesorero Pedro Moreno Moreno; Vocal, Blas Moreno Navas; Vocal, José Sánchez Gan; Vocal, Calixto Navas López; Secretario, Fernando Contreras Muñoz y Vicesecretario , Pedro Cantero Jiménez

El objetivo principal de esta sociedad menciana, según consta en el artículo primero de su reglamento,[2] no era otro que “establecer la armonía y estrechez entre patronos y obreros... mejorando las condiciones sociales de los últimos mediante el apoyo y ayuda necesaria, consiguiendo por estos medios extirpar las prevenciones y odios de clases nacidos de las engañosas e interesadas predicaciones que elementos perturbadores y dañosos propalan con bastardos fines”. Toda una exposición ideológica de los miedos de una clase social determinada ante los nuevos vientos que estaban corriendo. Y la terminología empleada era bastante clara: “odios de clases”, “engañosas e interesadas predicaciones”, “elementos perturbadores y dañosos”, “bastardos fines”, etc. Y sigue la exposición del artículo primero: ¿y cómo se conseguirán estos objetivos? Veamos la respuesta: “con el decidido concurso que sus consocios patronos les prestarán (a los socios obreros, lógicamente) en toda época calamitosa y de apuros, y con el disfrute, mediante modestísima cuota, de buena casa, calefacción, luz, amenas e instructivas lecturas y cuantos cómodos y recreos permitan la moral y el respeto mutuo en armonía con los recursos de esta asociación, evitándose con ello los gastos y peligros que nacen de la forzada y frecuente concurrencia a la taberna”. Ya sabíamos que la culpa de todo la tenía el obrero por ir a la taberna de vez en cuando.

Pero el reglamento es más sabroso todavía. Sigamos. La sociedad se crea a partir de 200 acciones intransferibles de cinco pesetas cada una y las cuotas que tenían que abonar los socios no eran iguales, lo que era lógico teniendo en cuenta los objetivos de dicha sociedad. Así, mientras los patronos pagarían dos reales mensuales, los socios obreros abonarían sólo un real. También en su artículo 19 se señala los socios de todas las clases disfrutarán por igual de las comodidades y beneficios que la sociedad pueda ofrecer” y quedan prohibidos los juegos de envite y azar y “el hacer en cualquiera de los permitidos posturas o apuestas que sean consideradas ruinosas”. ¿Cuándo se consideraban ruinosas?

Pero eso sí, la buena educación ante todo. Y así, “Los socios tratarán a los criados con moderación y consideración debida, procurando al amonestarles en cualquier caso, hacerlo en la forma más templada posible y sin ofenderles en nada”. (art. 21). También, como no, estaba prohibido “embriagarse, las discusiones de índole política y religiosa y todas aquellas en que se empleen frases o conceptos injuriosos a los presentes o ausentes o lenguaje indecoroso, permitiéndose sólo la crítica templada y culta”. Poco sabemos de la pequeña historia de esta sociedad y no se conserva ninguna referencia a la evolución de la misma. Seguramente tuvo una existencia efímera y pocos años después, no aparece en la relación que se hace de las sociedades existentes en Doña Mencía. Y es que este tipo de asociaciones en las que participaban patronos y obreros, convendría saber qué obreros mencianos se integraron en la misma, no buscaban otro fin que ofrecer una alternativa a las ideologías obreras –socialista y anarquista- que se extendieron por el campo andaluz y que, en algunos casos, sembraron el miedo entre los propietarios andaluces. El objetivo de la sociedad “El Fomento del Trabajo”, que hemos expuesto más arriba, es claro al respecto.


El “Casino Nuevo”

No era nuevo, puesto que la fecha de aprobación y presentación de su reglamento es la de 26 de febrero de 1885 y se constituyó dos días después, pero ahora toma este nombre, que más tarde se convertirá en “Circulo de Labradores”, como en casi todos los pueblos y ciudades de Andalucía de la época. La certificación exigida por el Gobierno Civil está firmada por Fernando Contreras Muñoz, que a la vez era también secretario de “El Fomento del Trabajo”. Constaba de 73 socios de número y 17 accidentales y su domicilio estaba en la Plaza Mayor, junto al Ayuntamiento del pueblo, donde estuvo hasta hace muy poco tiempo, hasta que su edificio sirvió para la construcción de viviendas y sede de la entidad bancaria Cajasur. Y, como veremos ahora, en su junta directiva estaba la flor y nata de los latifundistas mencianos de la época y no en vano su presidente era Angel Vergara Vargas, que siendo alcalde del pueblo, tuvo una dura pugna con el otro casino de la calle Arriba, el “Casino Republicano”. Como decíamos más arriba, el celo del Ayuntamiento por mantener el orden público y evitar los escándalos nocturnos de la calle Arriba obedecía a otras razones que no se expresaban en las providencias e informes de las multas.

Junta Directiva del Casino Nuevo de Doña Mencía 1906.

Presidente

Angel Vergara Vargas

Vicepresidente

José Sánchez y González

Tesorero

Joaquín de Sotomayor Vargas

Vocal

Juan Güeto Roldán

Vocal

Carlos Vergara y Vargas

Vocal

Francisco Campos Navas

Secretario

Fernando Contreras Muñoz



[1] Sociedad "El Fomento del Trabajo", DOÑA MENCIA. AHMDM. R-5453.

[2] AHMDM. R-5454.

lunes, 9 de julio de 2007

Los problemas de los republicanos mencianos de 1904



Pero los enfrentamientos entre el Casino Republicano y la alcaldía surgirán muy pronto y el motivo fundamental será la hora de cierre del local, ya instalado en la calle Arriba. Así, y con fecha 1 de febrero de 1904, el Ayuntamiento, muy preocupado por la tranquilidad de los vecinos, amenaza con multar a centro republicano si continúan los “escándalos que a altas horas de la noche vienen produciéndose”. Y las amenazas se cumplirán muy pronto, pues con fecha 16 de febrero [1] se inicia un expediente contra el casino al que se le impone una multa de cinco pesetas por tener, en la noche anterior, “sus puertas abiertas y (haber) concurrencia en al local después de las doce de la noche”. En esta ocasión el Casino, con su presidente Antonio Rodríguez-Carretero Navas a la cabeza, pagó la multa religiosamente, pero el acoso continuará y entonces no se quedarán con los brazos cruzados.

Dos meses después Casino y Ayuntamiento estarán a la greña otra vez y con fecha 7 de abril se impone una multa, esta vez de diez pesetas por el mismo motivo. En esta ocasión, el presidente presenta un recurso ante el Gobierno Civil de la provincia y alega, entre otras cosas, que el artículo 43 del reglamento de su sociedad, aprobado por el mismo Gobierno Civil, “autoriza a tener abiertas las puertas del local social durante la noche y siempre que dentro del mismo se encuentren, al menos, seis socios... Pues no habiendo ley que impida a los ciudadanos, ya individual ya colectivamente a permanecer unidos durante las horas de la noche, ni mucho menos a cerrar las puertas de su domicilio, privado o social a determinadas horas y al obligarle a hacer se infringen los artículos constitucionales que otorgan la facultad o derecho de reunión pacíficamente y de asociarse para todos los fines de la vida humana sin que exista limitación ni en la ley que regula el ejercicio del derecho de asociación ni en ninguna otra, precepto que faculte a la Autoridad para cerrar las puertas de su domicilio privado o social a ningún ciudadano ni asociación, ni para señalarle el tiempo que han de estar en permanencia en el mismo, por ello recurro...”.

De nada le valdrían tanta retórica jurídica y junto al correspondiente recurso, el alcalde adjuntará un minucioso y largo informe. Como podemos imaginar la pugna política entre conservadores y republicanos se disfrazaba con motivos relacionados con la tranquilidad de la noche menciana. En el primer punto del informe el alcalde precisa que a altas horas de la noche se venían cometiendo en el local del Casino Republicano de la calle Arriba “frecuentes alborotos con cantos, música y baile que impedían o perturbaban el reposo y descanso necesario de los vecinos”. Alude más tarde a la multa impuesta con anterioridad y que fue pagada sin rechistar y rebate jurídicamente la argumentación presentada por el presidente del Casino Republicano señalando que “el derecho de reunión y asociación tiene muchos y naturales limitaciones en las leyes que sería prolijo e improcedente enumerar, bastará decir que en principio, y como todo derecho tiene su límite en el derecho de los demás, viniendo por esto a ser los derechos y deberes correlativos, cosa que desgraciadamente olvidan con lamentable frecuencia estos que se llaman apóstoles de las libertades y regeneradores futuros de la sociedad”.

La dedicatoria final es bastante elocuente de por dónde iban realmente los tiros. Además, prosigue, ¿por qué se pagó antes la multa por el mismo motivo y callaron y ahora presentan el recurso? “¿Es que la legalidad sobre esto se ha modificado desde el día a 19 de febrero último al 14 del actual?”. La respuesta del Gobierno Civil es la esperada y con fecha 20 de junio de 1904 llega la comunicación donde se desestima el recurso. Al final, las diez pesetas de multa se pagaron una semana después.

Orgías, borracheras, bailes y cantos en la calle Arriba

Pero no sería la última de aquel año e incluso antes de que se abonara la multa anterior otra vez estaba el Ayuntamiento a la carga y con fecha 4 de junio se impone una nueva multa,[2] esta vez de 15 pesetas, al Casino Republicano por las mismas razones que antes. Otra vez también es recurrida la sanción ante el Gobierno Civil aduciendo las mismas razones que antes y en todo caso se matiza que el ruido que se produce en el local “sería el producido por las conversaciones de los concurrentes”. Y otra vez el alcalde adjunta un nuevo informe al recurso, pero en esta ocasión es más duro con los hechos que se producen por la noche en el casino, según el alcalde, y se cree en la obligación de llamar la atención del gobernador civil sobre “la falta de respeto que demuestra el Casino Republicano a la autoridad que represento... desobedeciendo y menospreciando frecuentemente las órdenes que se les comunican...” Eran duros de roer los socios del Casino de la calle Arriba pues, continúa el informe del alcalde, se pasan “la mayor parte de las noches –ya no es sólo las noches de los sábados- con el local abierto en orgías, borracheras, bailes y cantos que son bastante escándalo para las buenas costumbres de la vecindad...” Esta vez el alcalde no se anduvo con chiquitas. El local del Casino era un auténtico antro de perversión y aquello, ¡faltaría más!, no podía continuar así. El gobierno civil, como se esperaba, tampoco admitió el recurso esta vez y las quince pesetas se abonaron con fecha 30 de agosto en pagos al Estado.

Antes el Ayuntamiento había accedido a que se levantara la prohibición de tener las puertas del casino cerradas después de las 12 de la noche, según consta en el acta capitular del 8 de agosto de 1904, y poco después y con fecha 17 de octubre de ese mismo año el presidente de los republicanos de Doña Mencía presenta una petición “pidiendo se amplíe el local que existe para dar sepultura a los que mueren fuera de la religión católica”. La respuesta del Ayuntamiento es bastante indicadora de las diferencias entre unos y otros y por unanimidad se desestima la petición teniendo en cuenta que “por fortuna todavía son pocos los vecinos que mueren fuera de la Religión Católica. Durante mucho tiempo el clericalismo y el anticlericalismo habían marcado las diferencias entre derechas e izquierdas en España, y en un pequeño pueblo, como era el nuestro a principios del siglo XX, también se apuntan tales matices políticos que más tarde desembocarán en enfrentamientos violentos.

Los republicanos y los conservadores siguen a la greña

En el número anterior se hacía alusión a los constantes enfrentamientos entre republicanos y conservadores por los desórdenes, según la alcaldía de Doña Mencía, que continuamente se estaban produciendo en la calle Arriba, sede del Casino Republicano. Pero, ¿qué sabemos de la historia del casino y de los republicanos en los años posteriores? Muy poco, pero la presencia de un grupo de mencianos de claras convicciones republicanas –Cejudo, Güeto, etc.-, y muy activo desde el punto de vista político, marcará la historia política de Doña Mencía en el primer tercio de siglo y, en ocasiones, los enfrentamientos con los conservadores y la alcaldía del mismo signo político saldrán a la luz en la prensa de la capital. [3]

Así, y, como ya anotamos en el primer artículo relacionado con los asesinatos de Genaro (véase El Bermejino, julio, 1993, págs 6 y 7), en septiembre de 1905 y con motivo de las elecciones generales de ese año, se producen graves enfrentamientos entre los partidarios del Marqués de Cabra y los de Sánchez-Guerra y el escenario de la discordia es otra vez la sede del Casino Republicano de la calle de Arriba.

Según la crónica que aparece en “El defensor de Córdoba” con fecha 13 de septiembre de 1905, el marqués de Cabra, o sus amigos, con el “propósito de perturbar la elección” había nombrado 18 de sus interventores (sic) en un colegio electoral para provocar a los de su contrincante, que actuó, según el periódico, con unamoderación hasta exagerada”.

Más tarde, "un propio montado a caballo y a todo galope se presentó en la puerta del Casino Republicano diciendo que el marqués de Cabra había ganado por más de 200 votos, lo cual produjo en los balcones, en el interior y en la puerta del referido casino, nutridas e insistentes vivas a dicho señor marqués, mezcladas con voces de ¡Viva la República!”, lo que, como era lógico, hizo que un grupo de partidarios de Sánchez-Guerra también dieran gritos en favor de su líder. Y en esto que aparece el alcalde, Sr.Vergara, tratando de apaciguar los ánimos y al tratar de poner paz, lo que se supone en un alcalde, fue agredido y lo mismo los agentes a sus órdenes por varios disparos de armas de fuego y por medio de armas blancas”.

Como vemos las disputas políticas de aquella época no eran sólo dialécticas. Al parecer, la agresión fue repelida por el Alcalde, la policía “y con el auxilio después de la Guardia Civil, sin más consecuencias por fortuna que un herido con un pinchazo leve en el brazo”. Fueron detenidos varios individuos, cuyos nombres no constan en la noticia de prensa, y se recogieron “no pocas armas de fuego de diversas clases y tamaños que fueron encontradas en el local de la sociedad referida”. Además de republicanos y anticlericales, violentos. ¿Faltaba algún ingrediente más?



[1] Expediente instruido sobre imposición de multa de diez pesetas a la sociedad Casino Republicano por el Sor. Alcalde D. Ángel Vergara Vargas. Año de 1904. R.5451

[2] Expediente instruido sobre imposición de multa de quince pesetas a la sociedad Casino Republicano por el Sor. Alcalde D. Ángel Vergara Vargas. Año de 1904. R.5452

[3] Por error se omitieron en el número anterior las referencias de los documentos que se citaban. La información ha sido obtenida de las Actas Capitulares de 1904 del Archivo Histórico Municipal de Doña Mencía (AHMDM) y de varios expedientes referidos a las Sociedades de Doña Mencía: Casino Republicano (1903-1905), R.5449; expediente instruido sobre imposición de multa de diez pesetas a las sociedad Casino Republicano por el Sr. Alcalde D. Angel Vergara Vargas, año de 1904, R.5451 y otro expediente instruido sobre imposición de multa de quince pesetas a las sociedad Casino Republicano por el Sr. Alcalde D. Angel Vergara Vargas, año de 1904, R.5452.